Rem

Esta mañana me llamó Rem, que siempre me telefonea cuando yo estoy en el trabajo y él se aburre en el parque, para contarme que ya había descubierto la manera de hacernos ricos de una vez por todas y dejar de vagabundear por la existencia como quien vagabundea entre los pinos. Rem se aburre menos que yo porque él no trabaja – es arquitecto y no habla inglés -; además, fuma tabaco de liar y disfruta, demasiado diría yo, de sus paseos por St. Stephen’s Green y su cámara de fotos.

«Se me ha ocurrido mientras espantaba unas ratas de aire».

Rem se inventa a veces nombres para los animales o personas que le llaman la atención, por ejemplo llama ratas de aire a las palomas. Lo cual detesto porque es a) pedante y b) incomprensible. Porqué algo le llama la atención o no es todo un misterio; no un misterio cautivador, de biografía romántica y octasílabos bajo las luces sepia, sino un misterio que nadie quiere conocer. ¡Como el proyecto que me estaba proponiendo por teléfono cinco minutos antes de que saliera del trabajo!

«Quedamos en Conolly. Toma nota de la fecha: es un día para recordar»

Lo que sea.

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