Pesadillas

He soñado que iba a una entrevista, el currículo impoluto bajo el traje recién recogido de la tintorería, los zapatos resplandecientes. He soñado que me recibía el gerente en mangas de camisa, la corbata ligeramente aflojada, me miraba directamente a los ojos para comprobar si estaba nervioso, si daba el perfil, me miraba a los ojos para ver si era un hombre honrado, para ver si era un hombre al fin.

Luego me han sentado en la sala de entrevistas y han dejado la habitación. El motor aire acondicionado ronroneaba por las cuatro paredes. He mirado a través de la ventana, he pensado que éste podría ser el lugar de mi trabajo durante los próximos años, ésta la vista que vería cada mañana. Un páramo detenido entre la creación humana y la divina, que no llega a ser campo, y que no llega a ser ciudad, tan sólo un paisaje por construir o por destruir: estructuras de hormigón recubiertas de ladrillos sólo por la base, planicies ficticias rellenas con tierra y hierba artificial. Una bruma bajaba desde el sol hasta perderse en el horizonte. No era una sensación desagradable: era la misma sensación de derrota que sentía cuando me asomaba desde el balcón de mi piso en Dublín, café tibio en mano, hacia las VPO de la welfare donde se mezclaban marujas, borrachos de sidra y cerveza de lata, y peleas. Esto es ahora parte de mí.
Un páramo detenido entre la creación humana y la divina, que no llega a ser campo, y no llega a ser ciudad, tan sólo un paisaje por construir o por destruir: estructuras de hormigón recubiertas de ladrillos sólo por la base, planicies ficticias rellenas con tierra y hierba artificial.
Han entrado los técnicos, sin camisa, en playeras, han agitado mi mano con desgana, con unos dedos tan blandos como los de un obispo, les hago perder el tiempo, han leído mi CV como si se tratara de un chiste o de un certificado de defunción, han levantado las cejas hasta los flexos cuando repasaban mi experiencia, han mirado por encima del papel y luego se han mirado entre ellos.

Y han sonreído.

Y luego han preguntado cómo se reinicia un nCipher.
Cómo funciona el protocolo DHCP.
Cómo se termina una conexión TCP/IP.
Cómo se escribe un programa en Perl que recorra los archivos de un directorio, los identifique y los copie si son mayores de 500k en otra carpeta.
Cuáles son las diferencias entre Solaris 8 y 9.
Para qué sirve SNMP.

Por qué esta compañía, por qué esta vida, por qué nosotros: no nos hagas perder el tiempo.

Y la camisa me apretaba, me apretaban los cordones, me apretaba hasta el pelo, el tiempo, la nada, yo no quería estar allí. Yo renegaba de mi piel, de mi sudor, de mis ganas de no responder a cualquier otra pregunta; yo no, otro quizá, quizá más bajito, más regordete, alguien que lo sepa, que no tiemble, alguien que no fume ni se pelee con los conductores de autobús, alguien capaz de decir 🙂, 🙁, :’), lol, rofl, leet, r00lz. Alguien que no le importe recorrer 700 km. para estar allí.

Cuando desperté, el gerente seguía allí.

Tanto árbol que planté
cosa que dije
y versos que escribí en la madrugada
y andarán por ahí como basura
como restos de un alma
de alguien que estuvo aquí
y ya no más
no más.

Lo triste lo peor fue haber vivido
como si eso importara
vivido como un pobre adolescente
que tropezó y cayó y no supo
y lloró y se quejó
y todo lo demás
y creyó que importaba.

Idea Vilariño

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