Métro, boulot, dodó

Pero no todo tiene que ser como se espera que sea, Rem, métro-boulot-dodó. Ni siquiera has probado otras cosas que se te han pasado por la cabeza: escritor de viajes, articulista a sueldo, fotógrafo, corrector, traductor, profesor de español, de matemáticas, de informática, vendedor, conductor de autobús, puto, funcionario corrupto, traficante de armas, dueño de un prostíbulo, jugador profesional, kamikaze.

Parecías un tipo listo, pero al final resulta que no lo eres tanto. Me explico: has hecho el camino difícil, has estudiado con pasión tu ingeniería y tu carrera de filosofía, te has apuntado a cursillos incluso en idiomas que no eran el tuyo, te has puesto enfermo diez veces y diez veces te levantaste de la cama, hablaste de Heráclito y Robert Frost en inglés (qué presuntuoso), le sacaste los dientes a la Sinéad de las narices y después… Después nada. Después te compraste una corbata y un maletín y mendigaste por las grandes instituciones financieras un rincón en el que cobijarte y llorar tu incapacidad. Y todo porque no has sido capaz de contar esto en un papel, mandarlo por correo electrónico, y esperar. Y todo porque al final era el $$$$$$ lo que te mandaba (y tú que leías a Marzoa). Y ahora ¿qué? Volver. Como al personaje de tu cuento, te ha salido una mata de tomates en la cabeza. Y, poco a poco, alguien va arrancando su frutos y devorándolos frente a tus ojos y tú no haces nada. Métro, boulot, dodó.

Bellecour

Y me pregunto si esta tarde no es
una pausa del mismo Tiempo que
en otras ocasiones nos obliga
a aprender su gramática de plomo
hirviente con la que se escribe el mundo.

Una canción parece estar oculta
en los árboles del parque, en las hojas
que vuelan en bandadas a ras de suelo,
ya perdida su casa, hasta mis pies.
Quien fuera una de ellas y rodara
en soledad por la tierra y el asfalto,
puliendo sus aristas con la lluvia
y el viento, y reposara entre otras hojas
en el cruce de dos calles, al fin.

Algunas tardes escucho una voz
al otro lado del parque que dice:
‘Ven, tu lugar no está junto a la luz,
sus raíces no son las tuyas,
tú eres el parque, tú eres la canción’
Levanto la mirada en ese instante
y contemplo el vuelo de las palomas
sobre el aire encendido por las
hojas que, en remolinos de ardiente oro,
se despiden de los últimos rayos
de la tarde,
para siempre.

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