Cinco libros de poesía a la semana

Una de las características que más me atraen del mundo literario estadounidense es la capacidad que tienen algunos críticos/escritores de mofarse de sí mismos. Esto unido a su estricto proceder a la hora de separar materias (una revista de divulgación poética no es lo mismo que una revista de filología) y a que la poesía en inglés actual es relativamente sencilla de leer (que no de comprender, algo de lo que debiéramos aprender los españoles, y como ejercicio propongo repetir todos los días: no usar «rosetón» o «lajustre» si no es estrictamente necesario) permiten que girar la vista hacia los críticos de ese país sea un ejercicio harto interesante.

En PoetryFoundation incluyen este mes un artículo en respuesta lo que Timothy Liu propuso en una conferencia de profesores de escritura creativa norteamericanos: para ser buen profesor hay que leer cinco libros de poesía a la semana.

[…] spoke about what he thought constituted teaching expertise, then smiled a little hostilely and announced that he reads five books of poetry a week. Some people gasped.

La autora del artículo, una tal Paisley Rekdal, reflexiona sobre cuál es la cantidad justa o necesaria para convertirse en un auténtico profesional. Y para ello, se propone una agenda, a la manera de una dieta para perder peso -el artículo se titula La dieta de los cinco libros a la semana-, con el propósito de leer cinco libros de poesía a la semana. La autora no escatima en detalles cómicos de la consuetudinariedad del proceso (es decir, lo que ocurre cuando leemos: nos pica un tobillo, nos entra hambre, nos saltamos páginas enteras). Aquí van unos fragmentos que he traducido directamente (el original lo podéis encontrar aquí:

Semana 1

Satisfecha por el supuesto sacrificio de tiempo y talento, dejo escapar un suspiro tan sólo cuando mi enfurecido novio me encuentra a las 11 de la mañana del lunes en la oficina, tirada en el suelo en pijama, comiendo galletas y leyendo a John Clare.[…]Genial. Me concentro durante diez minutos antes de ir a cambiarme de camiseta. Vuelvo, paso de página y leo 50 líneas de «Helpstone». Me pica el tobillo. Me rasco, pierdo el hilo, vuelvo y leo las últimas cinco líneas. Empiezo a pensar en ir a comer, releo las últimas lineas otra vez, paso de página, levanto los ojos hacia uno de mis perros, le regaño por interrumpirme al rascarse las orejas, releo las últimas lineas una vez más. Mejor olvidarlo. Paso a otro poema titulado «What Is Life?»

Semana 2

Tengo que evitar cualquier libro que incluya las palabras «antología» o «selección» en el título. Leer 300 páginas de Clare (¿alguien se da cuenta de lo largos que son los poemas de Clare?) me obliga a saltarme páginas enteras.

Semana 3

A fuerza de leer tan rápido como pueda, me he vuelto paranoica con cómo lee otra gente. Observo a los viajeros que leen en el autobús, y me fijo en sus pupilas para comprobar si se saltan las últimas páginas de libro o, por el contrario, leen cada palabra impresa. Esta tarde una mujer se rió en voz alta mientras leía; después, con una media sonrisa levantó la vista. No sé por qué me da que no estaba leyendo poesía.

Semana 4

Allá por el jueves dejé de reaccionar a la pila de libros por leer. Sólo muevo mis ojos por encima de la página, sí, procesando palabras, pero sin preocuparme por ellas. Los poemas se han vuelto maquinitas a estudiar, destrozar y recomponer en argumentos e imágenes.

Semana 6

Siempre supe que abandonaría. Además el espacio en la oficina se agotaba y algún día me gustaría ser madre, pero incluso yo misma estoy sorprendida con la rápidez con la que he abandonado el proyecto.

Como nota curiosa, el propio Timothy Liu responde en los comentarios de la página a la autora. En la península uno podría esperar algo como: «es evidente que la miel no está hecha para la boca del asno. Yo leo 300 libros al año, asisto a varios congresos y hago el pino, balaústre, náyade, cartilaginoso». Pero no. De hecho es bastante amable.

Lo de los cinco libros a la semana se parece a un oasis al que uno se dirige rectamente pero, ¿para qué hacerlo si uno se ha derrumbado en medio del desierto? Por supuesto que conviene ponerse límites. Las antologías que Redkal ha utilizado en sus listas (Clare, Berssenbrugge, Goldbarth) podrían contar cada uno como cinco […]

Como premio a ambos por fair play, artículo y poema traducidos. Retiro lo dicho sobre que leer poesía en inglés es sencillo. Al menos traducirla es un infierno.

Hard Evidence
by Timothy Liu

A room walled-in by books where the hours withdraw.

At the foot of an unmade bed a bird of paradise.

Motel carpet melted where an iron had been.

His attention anchored to a late night glory hole.

Of janitorial carts no heaviness like theirs.

Desire seen cavorting with the yes inside the no.

A soul kiss swimming solo in an open wound.

The self as church where the whores now gather in.

Prueba irrefutable
por Timothy Liu

Una habitación tapiada con libros donde se retiran las horas.

A los pies de una cama sin hacer un ave del paraíso.

Moqueta de motel destrozada donde hubo un hierro.

Su atención anclada a un agujero en la pared a altas horas de la madrugada.

De las carretillas de conserjes no hay pesadez como la suya.

Se ha visto al deseo retozar con el sí dentro del no.

Un beso del alma nadando en soledad en una herida abierta.

El yo como una iglesia donde las putas ahora se reúnen.

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