Unos apuntes sobre Kadosh, de Amos Gitai

Esta noche terminé de ver Kadosh, de Amos Gitai y buscando por Internet alguna nota acerca de la película me doy cuenta de lo afortunadísimo que debo ser porque el DVD es difícil de conseguir en la Península. Estoy que reboso de júbilo. Oh.

En esto de la crítica uno siempre debería hacer un esfuerzo por ir más allá de la materia en cuestión (películas, en este caso) y mirar con cierta soberbia por encima del renombre del autor o de la película. La película trata de las penurias sexuales que pasan dos parejas de judíos ultra-ortodoxos: los primeros, después de diez años de casados aún no tienen hijos -en principio, por culpa de la esterilidad de la mujer; luego en el film se verá que no es así-, y según la ley judía, una mujer que no puede engendrar no es mujer. La segunda se trata de un matrimonio concertado en el que el ritual del sexo está orientado exclusivamente a la procreación y por tanto a la supresión de cualquier placer. Tenemos en juego dos temas muy interesantes, la religión y la ordenación de los cuerpos, es decir, cómo, cuándo, por qué, para qué quién debe procrear. El film agota el primero de los temas hasta alcanzar casi un maniqueísmo agotador (pareja: buenos, víctimas de su destino, religiosos: malos, mueven los hilos, hacen purgas éticas y religiosas) y a tenor de las opiniones en distintos foros parece ser que es éste el que más ha calado.

En Rotten Tomatoes, por ejemplo, le dan un 94 sobre 100 pero sueltan perlas como

«An incredibly sensitive Israeli film about the harsh effects of religious zealotry»
«The emphasis of the film is on how the ultra-Orthodox Jews of that sect live by the letter of the Torah in everything they do.»
«Un film bouleversant car il montre avec sobriété,l’enfermement dans lequel conduit l’extrêmisme des religions ou d’ailleurs tout autre courant de pensée. A méditer»

.

En lo que respecta al otro tema se dice poco, y lo que se dice, es perfectamente obviable. Y sin embargo, es fundamental incluir ese punto de vista para no caer en una crítica etnocentrista. Decir, por ejemplo, «el film muestra cuan opresivos son los dogmas de los ultra-ortodoxos» dice, tácitamente, todo lo siguiente.

    – Hay dogmas no opresivos.
    – El dogma de los ultra-ortodoxos es opresivos para ellos, porque lo es (sería) para nosotros.
    – Un dogma es necesariamente malo, bajo cualquier circunstancia. Luego también es malo para ellos. (Y después, no comprendemos cómo puede haber mujeres que quieran llevar el hijab).
    – Nuestra sociedad es más libre, porque carece de dogmas o son fácilmente identificables.

Un tema parecido se propone en el film Carne Trémula de Almodóvar, no sé si intencionadamente o fruto de una feliz coincidencia. En Carne Trémula están explicitados todos y cada uno de los dogmas sobre el sexo occidental: qué es buen sexo, con quién se debe hacer buen sexo, quién no puede hacer sexo, etcétera. En el fondo de ambas películas se tratan exactamente los mismos temas: como una serie de discursos organizan todas las parcelas de nuestra vida, en especial la del sexo. Si en Kadosh y en el mundo ultra-ortodoxo eran el Talmud o la Torah la que disponían como había que hacer el amor, en el mundo normal, entendiendo como normal todo aquello que es lo mismo y no puede mirar desde lo Otro, es Cosmopolitan, los consultorios sexuales o los psicólogos los que dictan, incluso con más fiereza que la ley judía, qué debe ser una experiencia sexual plena.

Personalmente, tanto el film de Gitai como el de Almodóvar me parecen fallidos. El del primero porque se entretiene en el aspecto visual del film (la cámara hace mayormente la narración y no el guión, largos planos secuencia que añaden tensión en ciertos momentos pero que dejan un poco colgada la historia) y porque regatea un tema interesante con el capote de «mitos y costumbres del Israel contemporáneo» (y le ha salido bien la faena, porque los críticos no hablan de otra cosa, es decir, de política). La de Almodóvar porque es en exceso histérica y porque nunca sabes si te está tomando en serio o se descojona de ti.

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