Alila, de Amos Gitai

A este paso me chupo la filmografía entera del director israelí sin encontrar siquiera cinco minutos de entretenimiento. En esta, presenta un mélange de historias urbanitas en un barrio cochambroso de Tel-Aviv: un chapuzas que duerme en su furgoneta en frente de la puerta de la casa su ex-mujer junto a los inmigrantes ilegales chinos que contrata, una mujer que hace de amante de una suerte de espía o militar casado y cincuentón, el hijo del chapuzas que se quiere escapar de la mili, el amante de la mujer del chapuzas que no pinta absolutamente nada en la película, un par de viejos pululando en torno a la jefa de la comisaría y que no alcanzo a entender qué demonios pintan en todo el film, todo muy à la Raymond Carver pero pasado por el tamiz de Gitai: secuencias largas hasta la extenuación, travellings interminables con una hermosísima pared de hormigón de por medio, falta de composición (a ver, ¿soy el único que se ha dado cuenta de que cada vez que aparece el chaval tapa al resto de personajes de cada escena en la que aparece con sus movimientos epilépticos?) Las historias funcionarían – son, por lo demás, argumentos bastante sobados del realismo urbano -, en otro contexto, con otros actores, con otro ritmo, con otro lenguaje; en definitiva, con ganas.

Porque viendo la película, a veces da la impresión de que Amos Gitai quiere abordar en una cinta de dos horas demasiadas cosas: el despertar del feliz sueño de la prometida tierra de Israel – con un paisaje humano desalentador formado de putas, drogadictos y vagabundos -, el estado de histeria militar permanente creado por las noticias diarias de atentados y la paranoia colectiva a niveles incluso microscópicos, la inmigración ilegal masiva, la infidelidad, la religión, la precariedad de los servicios en un país que pretende ser occidental, en fin, todo lo empieza el bueno de Amos pero nada consuma, nada cala. Me aburro.

Veremos la siguiente. La próxima la publica Hasterbinn. Por cierto, el calvo cincuentón se peta varias veces a la piba de la carátula, y ésta a su vez lleva peluca. Todo un cachondo simbolista, el Gitai.

Kobi Peretz – Menasa Oti.mp3

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