Cuando me paso de listo.

Giacometti por igual niega la inercia de la materia y la inercia de su nada pura; el vacío es lo pleno, flujo desplegado; lo pleno en el vacío orientado. Lo real fulgura.

Para ser honestos, esta afirmación no me diría absolutamente nada de no saber a priori quién habla y de quién se habla: Jean-Paul Sartre sobre Alberto Giacometti, escultor cuya obra expone el Pompidou de París y que he tenido la fortuna de visitar este fin de semana.

No me diría nada porque, en primer lugar, la cita está inserta en el discurso sartreano al que, por norma, soy a un mismo tiempo ignaro e inmune – el vacío es lo pleno me resulta un oxímoron demasiado new age, demasiado tao-, y por tanto hay que saber bien a dónde apunta cuando habla de materia, nada o vacío. Por otro, no añade gran cosa a la ya de por sí difícil obra de Giacometti.

Y en segundo lugar porque ya me había formado una opinión de la obra de Giacometti, y por consiguiente, un prejuicio del que no quiero abdicar tan prontamente. Las famosas figuras de Giacometti me impresionan porque están desprovistas de todo lo que las puede hacer humanas: ausencia de carne, rigidez extrema, falta de movimiento o impostura del mismo, expresiones borradas, es decir, un fantasma del cuerpo, una huella débil del hombre, espíritus o almas apenas recubiertos con una película de bronce o de barro. Y, sin embargo, se sabe, se siente que son figuras humana (recuerdan demasiado quizá a los modelos de fotografías de las hambrunas, ya sean del primer mundo, ya sean del tercero): puede que sean nada, pero son, existen.

Tal como en el oxímoron taoísta de Sartre.

(Ay).

The Charlatans – You’re so pretty.mp3

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