Mi hijo, parte I/II

Desde que estoy en Francia he guardado cautelosamente en secreto algo que me ocurrió durante el último año que viví en Dublín. Fue un acontecimiento a la vez extraño y doloroso, ahora apenas casi lo recuerdo, pero quiero, sin embargo, realizar el esfuerzo para que no quede relegado sin más a una oscura región de mi alma y aparezca súbitamente, de vez en cuando, en un mal sueño que me despierte en mitad de la noche sumido en un terror inexplicable.

En Irlanda fui padre durante unos tres meses. Los nueve meses de embarazo, la alegría por nuestro nuevo hijo, la visitas al médico de cabecera, la dieta escrupulosa… De eso, tengo pocos recuerdos. Sólo sé que un día de junio tuvimos que salir de casa hacia el hospital para que mi chica diese a luz. El parto presentó ciertas complicaciones ella, aunque no para nuestro bebé: una infección en la sutura. Los médicos aconsejaron que se quedara un par de semanas en observación. Mientras, yo había pedido la baja por paternidad en el Banco y me llevé nuestro bebé a casa. Mi chica y yo habíamos llevado el embarazo en secreto, ni siquiera nuestros amigos más cercanos o nuestros familiares supieron en ningún momento que íbamos a ser padres.

Cuidar del bebé no resultó, en contra de lo que hubiera podido pensar, una tarea especialmente dura. De alguna manera mi hijo y yo habíamos sincronizado nuestras horas de sueño y comidas. Por las tardes, especialmente si no llovía, salíamos a pasear por St. Stephen’s Green. Puesto que no habíamos comprado ningún carrito para el niño, llevaba al bebé en mi regazo, resguardado dentro de un grueso jersey de lana al que había cosido una bolsa en su interior, a la manera de los canguros, con lo cual mi hijo podía asomar su cabecita a la altura de mi pecho y poder ver cuanto yo veía.

La infección de mi chica presentó nuevas complicaciones conforme pasaron las semanas, así que el doctor recomendó que permaneciera indefinidamente en el hospital hasta que la herida fuese curada por completo. Debido a lo prolongado de la situación me vi en la necesidad de abandonar mi puesto de trabajo, decisión que no me costó tomar puesto que era algo que llevaba deseando desde hacía algún tiempo.

A pesar de ser un bebé sano y bien alimentado, había algo extraño en él que los pediatras no supieron o no quisieron explicarme. A partir de su primer mes de vida tuve la impresión de que mi hijo menguaba. «Es natural preocuparse, sobre todo cuando es el primero«, me decía el doctor mientras me daba palmadas en el hombro. Sin embargo, conforme pasaban los días, mi hijo se hacía cada vez más y más pequeño, hasta el punto en que tuve que descoser la bolsa del jersey de lana y volverlo a coser a una altura diferente para que mi hijo pudiera asomarse al mundo durante nuestros paseos.

(Continuará…)

Cat Stevens – Father and son.mp3

Un comentario en «Mi hijo, parte I/II»

  1. Logras con cada texto que me intrigue más y más a medida que avanzo en su lectura.
    Por otro lado, me gusta esta nueva faceta paternal jiji

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