Promesas

A las ya consabidas promesas de año nuevo (hacer ejercicio, escribir a los colegas, buscar un trabajo, dejar de fumar) he pensado añadir unas cuantas de mi propia cosecha con la sana intención de hacerlo un poco más llevadero:

1 – Adquirir un nuevo superpoder: creo que el de la clarividencia está un poco desgastado (el recurso del ya te lo dije empieza a cabrear sobremanera a padres, amigos y hermanos), así que creo que me centraré en la teleportación o la invisibilidad.

2 – No morir. Debería estar la primera, porque las demás dependen de ésta. Sin embargo, he pensado que un poder chulo sería el de la resurrección. Aunque en mi caso se trataría más bien de la recurrencia o redundancia.
3 – Visitar Barcelona. Ya tengo excusa, gracias a Chema y Bea.

4 – Aprender otro idioma. ¿El francés y el inglés me bastan? No, hablo de otro idioma. Ya me entiendes.

5 – Algo que tenga que ver con el arte. O mejor no.

En resumen, bombón, que voy a escribirte una carta: aquí la tienes, ya es tuya, la estás leyendo en tu cama o en el autobús; rodeada de tus libros, escuchando tu música favorita o mientras hablas por teléfono con una amiga. Puedes verme escribiéndotela, tumbado sobre mi cama cubierta con sábanas a cuadros azules, mientras la sola luz que alumbra la vastedad de mi habitación se concentra únicamente en este papel, al igual que mi atención; y para no perderla me froto las cejas con el dedo pulgar e índice, tratando de buscar la palabra exacta con que llevarte a la siguiente línea sin cansarte. ¿Lo consigo? Ya llevas casi cuarenta segundos de lectura sin que haya sucedido nada… No hay una declaración de amor, ni un misterioso crimen. Por no existir, no existen ni personajes, ni asomo de los motivos que puedo tener para escribrte una carta… Y sin embargo, ya casi has llegado al final de esta página y continuarás leyendo, vas a seguir escuchándome incluso si no sabes que tono tiene mi voz, o si me había duchado el día que te la escribí o si estaba de pie. ¿No es maravilloso?

Trescientos miles de cartas de amor, Lucio Esperada

No me matéis por la canción. Escuché esta canción por la radio y me sentí identificado…

Naaaaaaaaah. Es que en el fondo me gustan los Hombres G.

Un comentario en «Promesas»

  1. Bueno, bueno, cada uno tiene sus pequeños pecadillos inconfesables, y los Hombres G no son de lo peor que salió de los 80 (ahí están las hombreras para demostrarlo)

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