Goldfinger

Todo el club ardía en humo y en música. Ray Dillington se había confabulado con el piano para congelar el aire en el New Rome’s, cerca de la calle 37. Sólo respiraba la piel del pianista. El camarero me dirigió una mueca amarga y le pedí otro vodka con Martini. Entonces me dió por pensar en todas las mujeres que habían pasado por mi vida, y declaré ese momento patético e insulso como el más emocionante de todo el día. Sin nuevos casos, con los de Hacienda pisándome los talones y el único traje en la tintorería aquel antro en aquel preciso instante era lo más cercano al paraíso que había conocido. Cuando yo tenía trece años, hubo una chica que quiso que fuéramos novios: rubita, ojos azules, pizpireta. Había comenzado a fumar hace poco, para aparentar ser mayor delante de las otras chicas. A pesar de tener otras cosas en la cabeza, cosas que le son propias a los chavales de esas edad, dije que sí, no sin cierta desgana. ¿Qué era ser «novio»? ¿En qué cambiarían nuestros juegos? Pasé las dos semanas siguientes tratando de evitarla. Una tarde me encontró por fin y me dijo que no quería ser mi novia nunca más, después rompió a llorar y se marchó corriendo a su casa. Desde entonces, he ido evitando a todas y cada una de las mujeres que he me han amado, con mayor o menor fortuna.
[…]
Y entonces ella entró en la sala como un rompehielos contra un iceberg. No era descaradamente guapa, ni tenía un cuerpo de vicio pero la sala pareció girar por un instante en torno a su sonrisa. Se sentó a mi lado y pareció reconocerme. Yo agaché la cabeza y me bajé el ala del sombrero. Si la miraba, aunque fuese por un segundo, sabía que me metería en problemas. No pude evitarlo: su sonrisa venía a cazarme, maldita sonrisa depredadora. De cualquier modo, si estaba esa noche en ese club, escuchando a ese pianista suicida, borracho de vodka, era siempre por ella, porque sabía que vendría con su vestido de flores azul y su collar tribal. A traerme problemas que yo no podría evitar esta vez.
La Angustia Austríaca, Clark Manzarek

Un comentario en «Goldfinger»

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.