Mastering Bullshit

La belleza de lo terrible, en tres fragmentos. Pobre humano, pero humano al fin.

1) Fragmentos de correos enviados, terribles y bellos, a:

Alguien que quiero.

«Hay cosas que pones en el correo tan increíblemente injustas que creo que me va a dar un paro cardíaco»

Alguien que conocía.

«About the half apple, hey, don’t blame me – you had your opportunity. I guess many Irish guys would like to meet you and won’t loathe you as much as you seem to do with the rest of the world and even with yourself»

Alguien que quiero.

«Te iba a mandar un poema que escribí cuando se suicidó la hermana de la princesa, pero ahora me da angustia porque pegué las fotos en el cuaderno.»

Alguien que quiero.

«En fin, yo también estoy hasta las narices de mandarte mensajitos y llamarte todo el puto día y aguantar gilipolleces que los manuales de macho alfa te dicen que no debes hacer, porque al final la otra persona se apoltrona y te domina, y blabla. Haz lo que tengas que hacer, pero por el amor de Dios, no me tengas compasión tú también»

Alguien que quiero.

«En el fondo me habría gustado pedirte perdón por lo del correo a la cara, pero claro también cuento el número de veces que te has disculpado y alcanza la cifra de cero.»

Un colega.

«Pero entiendo bien a qué te refieres, cierto es que a partir de cierta generación -la nuestra, sobre todo, heredera del postcatolicisimo- no puede aspirar siquiera a un modelo de sexualidad novedoso.»

Y la mejor de todas, alguien que conocía:

«Hey, no me regocijo, Dios, ¡qué clase de monstruo crees que soy!»

Las islas Cíes.

2) Una declaración de amor propio:

«Soy un coleccionista de mis propios poemas de amor. Los llevo coleccionando en la extensión que lleva desde mis primeros acnés a mis primeras canas. No soy injusto que cuando digo que los colecciono por rareza o fetiche. Los hay grises y edulcorados, los hay sin sentido gramatical. Tengo una colección de poemas de amor y a veces los comparo con los de otros, y encuentro los de otros más verdaderos y audaces. Entonces me digo lo fácil que es depositar las entrañas en un papel y envolverlo en forma de poema, y que no se noten los bordes retocados, ni las conjunciones de relleno. Eso es fácil.
Leía poemas de amor de otros y pensaba en lo difícil que es eso. Escribir poemas de amor.
Será porque en el fondo a uno no le importan más que las entrañas, el humo, cosas así. Será porque, en el fondo, uno no ama nunca de verdad.»

3) El final de un poema (el lunes recojo las pruebas, ¡por fin seré algo en la vida!)

Y viendo el cuerpo pender de la soga
en la penumbra de un cadalso
hecho con manos graves y sangrientas,
me temí que un día fueran las mías
las que sangraran
al ceñirme la soga al cuello,
y no hubiese presentador,
ni confeti ni amigos
y no hubiese Youtube,
que almacenara
mis últimos momentos,
mis últimos recuerdos,
o mis últimos juegos:
yo me ahorco y yo me muero,
-como se dijo Kevin Whitrick-.

En ese momento,
Sadam El Tirano y yo
fuimos uno.

Hoy me tocó ir de emo. Nunca aprenderemos.

My Bloody Valentine – When You Sleep
Found at skreemr.com

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