Lo diré del revés

La visita a Cataluña trajo bajo el brazo dos nuevos títulos para la extraña biblioteca que está inundando mi nueva casa. Dos libros en catalán.

Leído por encima El Cuadern Gris (ya lo leí en castellano, traducción que el propio Josep Plá aprobó sin gran entusiasmo), su densidad y candor a caballo entre lo bucólico y la sátira social, me hace pensar de nuevo en la necesidad de acercar las culturas de la Península entre ellas y no sólo quedarse en el Quijote de los cojones como punto común.

Hace algunos años, en un seminario impartido por Teresa Oñate acerca de los presocráticos, venía a decir que la Historia -y no hay otra Historia que esta Historia, la nuestra, la moderna, la tan pretenciosamente científica, la que tiene la querencia de tornarse en verdad casí jurídica (vid. post anterior)- no es otra cosa que un relato, y que en esencia, la flor y nata que se le ha añadido no camufla su carácter esencialmente narrativo. Literatura, decía la profesora.

Si la Historia es en el fondo literatura, y la literatura es creación, ¿por qué entonces enseñar la historia de la literatura de una manera lineal? Los cantares de gesta, el Arcipestre, El Quijote. Que venga Derrida y nos bese la flor del culo. De pequeño siempre me irritaba que el profesor de Historia no llegase hasta más allá de la Guerra Civil – que ya me quedaba un poco lejos por entonces. Yo quería saber de ETA, los GAL, el golpe de Estado, Mario Conde, los doce goles a Malta. Claro, se justificaría el profesor o el autor de la guía para el profesorado, una Historia constructiva (y científica) busca sus consecuencias en causas firmes: tenebrosa, muy tenebrosa la idea de que guerras, hambrunas y genocidios tenían, en efecto, una razón de ser. Y a eso se le llamó razón de Estado. O Justa Venganza. O ataque preventivo. Razón utilitarista.

Vista así las cosas, ¿qué hacer con la literatura, o más bien, la poesía, tan inanes, tan volubles en comparación con Las Razones de la Historia? Precisamente por su perfecta inutilidad es donde más experimentos se podrían hacer: como la gaseosa. A cuénto de qué leer El Lazarillo de Tormes, inflando bibliotecas a cascoporro si no hay Dios que lo entienda. Bécquer, sí, pero también Benedetti. ¿Ancia? César Vallejo. Borges vs. Pío Baroja. Gabriel Ferrater y no Manuel Machado. Gabriel Aresti y Manuel Pulpeiro. A quien buen Lope de Vega se arrima, buen Jordi Galcerán se le arrima.

Si la literatura es descubrimiento, ¿por qué existen libros de texto sobre literatura? Lejos de mí proponer un Club de Poetas Muertos a la generación pokémon, fervientes seguidores todos de Muchachada Nui y los politonos. Pero oye, ya que no importa, que la mitad van a ser poligoneros y tuneadores de sus Audis, que al menos se lo pasen bien en el insti.

Un comentario en «Lo diré del revés»

  1. Anda! un madrileño que usa la palabra poligonero! así llamamos a los chandaleros en Gran Canaria (y también les llamamos chandaleros jajaja)

    No le puedes dar flores a un burro. La clase de Literatura está para darle a la gente ganas de leer y de conocer «los clásicos» pero, sinceramente, a mi el Lazarillo de Tormes me parece una p*ta mierda. Hay otra literatura que no te enseñan en el colegio y que te llena mucho más….pero claro, si la gente no entra nunca en una Biblioteca, nunca la descubrirá 😉

    Es un problema de valores. Gana el más idiota en este mundo.

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