Cuaderno de Marrakesh – El guía (II)

Mi guía, ataviado con una chilaba blanca y babuchas desvencijadas, me condujo en primer lugar a un taller de cerámica. No se trataba del típico bazar donde se podía encontrar toda clase de baratijas además de teteras y ceniceros, era debido a su extensión una auténtica fábrica de poterie. Cerámica de todos los colores y tamaños se apilaban ordenadamente hasta el techo. Cada una de las piezas estaba impecable, ni una mota de polvo ensuciaba su brillo. Además su extraña organización por colores hacía del lugar un santuario del cromatismo; el silencio que imperaba (estaba situada dentro de un callejón alejado de las calles principales de los zocos) convertían el sitio en un lugar donde merecía la pena gastar un par de horas aun sin estar verdaderamente interesados en la artesanía marroquí. Como era evidente en mi caso. Mi guía, al contrario de lo que me temía, sólo quiso enseñarme la tienda: saludó al propietario, me mostró un par de obras y volvimos a perdernos en el magma de gente del zoco.

El taller

Nuestra próxima parada fue un taller de cofrería. El proceso de fabricación de un cofre requiere mucho más tiempo del que yo imaginaba: hay que curtir el cuero, cortarlo, encolar la lana, cortar los huesos y cuernos que lo adornarán, darles forma, pulirlos, tallar la madera, grabarla, etcétera. Los diversos muchachos que mi guía me iba presentando (algunos menores de edad) me saludaban extrañados aunque luego, al conocer de dónde venía, me interrogaron acerca del fútbol y demás andanadas de nuestro país. Lo cual me resultaba contradictorio y a la vez lógico, proviniendo de un país del Tercer Mundo en el tren de la modernización forzada. Por un lado se tarda tres meses en fabricar un cofre que se venderá a un precio muy inferior al que costaría en Occidente, las más de las veces utilizando obra de mano infantil, con utensilios de lo más rudimentarios (por ejemplo, para cortar huesos del tamaño de una falange se utilizaba un azadón); por el otro lado, todo el mundo sabe quién es Raúl González, Fernando Torres, resultados de la Eurocopa etcétera, para tal saber actualizado no sólo es necesario, a mi entender, un televisor, sino una antena parabólica para capturar la señal extranjera. Mi guía me explicó que en Marruecos todo el mundo sigue con mucha atención las noticias en España, especialmente el deporte.

Después de mostrarme todo el proceso de fabricación nos detuvimos en una pequeña habitación donde se encontraba un chico tallando pequeños huesos sobre un tronco de árbol. El cuartucho no poseía ventanas y estaba lleno de polvo, esquirlas de hueso y herramientas oxidadas. Se detuvo, se secó el sudor, me saludó y me preguntó en árabe si me apetecía un té. Llevaba un pantalón desgastado por el uso y un niki que le quedaba dos tallas más grande. Miré a mi guía, ahora también traductor, y acepté mientras me sentaba en una caja de madera.

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