Diario de rehabilitación – Día III

– … cincuentaydos semanas por dos días a la semana, ciento cuatro días, a la semana. Ahora tengo treinta años, empecé con dieciséis… Perdone, pero esto es ridículo.
– ¿El qué es ridículo?
– Estas cuentas.
– No importa lo que sean. El ejercicio debe continuar. Le ayudará.
– Treinta menos dieciséis, catorce años. Catorce años por… ciento cuatro…
– No ha contado bien. Debe incluir los periodos vacacionales.
– Dos días más en Semana Santa, unos siete más, tal vez menos en verano… Y cuatro en navidades… ¿Está bien así? El otro día me dijeron que desde que lo dejé…
– Céntrese en las cuentas y después hablará de eso en la terapia de grupo. En total suman ciento diecisiete días por año.
– Ciento diecisiete días por catorce años son… Son… Mil seiscientos treinta y ocho días.
– Ése es el tiempo que has estado bebiendo. Sólo contando los fines de semana.
– ¿Y qué?
– Son casi cuatro años y medio de tu vida.
– Ya sé por dónde va. Es mucho tiempo.
– ¿Tú qué piensas?
– Que sí. Que es mucho.
– ¿Qué es lo que te dijeron desde que lo dejaste?
– Que no era el mismo.
– ¿Y lo eres?
– No sé.
– ¿Lo eres?
– El primer domingo de la primera semana que dejé el asunto, me desperté a las diez de la mañana. Miré a mi alrededor, no había nadie. La habitación estaba ordenada. La ropa sobre la silla. La cocina estaba limpia. Eran solo las diez: yo solía despertarme entre las dos o las cuatro. Tenía cinco horas por delante y sentía vértigo. Desayuné. Internet no funcionaba, así que traté de acostarme. No pude dormir. Pensé en tomar un tetrazepam y dormir hasta el día siguiente.
– ¿Qué hiciste?
– Salir a la calle. Comprar un periódico. Entrar en un bar, desayunar. Pensar en matarme. Llamar a algún colega, pero luego supuse que estarían durmiendo. Llamar a alguna ex, pero quizá también estarían durmiendo con algún colega. En el bar sentí que me observaban.
– ¿Por qué te iba a mirar?
– Se me notaría.
– ¿El qué?
– Que era un extraño.
– ¿Te da miedo tener tiempo libre?
– Llevo catorce años haciendo lo mismo, metódicamente, cada fin de semana. Es difícil no tener miedo.

Diario de rehabilitación, Fernando Cifuentes

Un comentario en «Diario de rehabilitación – Día III»

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.