Tragedia

Una polilla detiene su vuelo
sobre el mapa blanco de la pared.
Cuando el reloj, con sus agujas
tensas como sogas de puro mármol,
muerde la primera hora de este día,
deja una atmósfera de polvo y pelo
azabache que encarcela la luz.

Descifrando el miedo oculto en la noche
observo la polilla e imaginando
las trayectorias que trazó a ciegas
por la habitación, dibujo la casa
donde vivió cada antepasado
de la cansada mariposa gris.

Los que no surgieron de la seda,
los que tuvieron hojas que comer
y murieron de hambre de una fatal sed,
los que soñaron con blancas paredes.

Al fin imagino la puerta donde
mi insecto respira en total silencio.
La puerta de una casa inexistente.
La puerta que imaginó una pared.

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