Tarde

La tarde tumba su cuerpo agotado
sobre la rota piel de un parque.
Un borracho condensa su mirada.
Los ojos pesan en su calavera.

En esta misma tarde, un niño
ha gritado papá
entre los vacilantes edificios.
El grito ha levantado las sábanas húmedas
que se zarandean en las terrazas,
ha penetrado en las celosías,
se ha perdido en el corredor.

A veces el sonido de las cosas
las hace palpitar
en la marea de polvo en la que habitan.
La embriaguez del sentido ya ha durado
más que esta época eterna
y el sentido está fatigado
de esta borrachera de tiempo.

Un niño ha gritado papá en la calle
y el atardecer le ha devuelto
un abrazo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.