Alma

Comida por las venas vacías del desierto
como el bramido de la luz
fuera de sí,
el alma aprenderá a aparecer
en el brotar mismo de la palabra
que la contiene. Muere fugazmente
no en tus labios ni en los míos, ni en todos
los labios: muere en la palabra misma,
en las pupilas de animales
que jamás se alimentan de cenizas.
Alma, no eres, no existes, no conoces.

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