Último poema

Esta noche gotea entre las sábanas
que tendrán que esperar a la mañana
para ser sacudidas en el sol
del patio.
A través de la ventana
alguna imagen de la calle estática
es invadida por los parabrisas
monótonos, ajando oscuramente
el agua de la lluvia, de los vientos.

Ya no queda despierto casi nadie,
los delirios y gritos son ahora
cigarras cuyo cuerpo está latiendo
en los rincones entre los pasillos.
No llega el sueño y yo no correré
para alcanzarlo.
Me miro las manos
y me asusta su carne blanquecina,
las cosas que no pueden contener.

Cruza por la ventana aquel caballo
mojado que soñé entre las nubes
de otra noche, con los cascos de plata
retumbando sobre el asfalto, terco,
ocultando con sus crines el rostro
amargo de quien lo monta.
Jinete
que construye con pasos metálicos
el temblor que ilumina tímidamente
la cara que le mira en vigilia.

La almohada reclama el vasto reino
que se ha perdido en mi cabeza como
un diamante en un bolsillo de hielo.

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