La mejor literatura desde las minas

Que la mejor literatura de ficción se da ahora en los diarios es un fenómeno que habrá que integrar en las tesinas de los filólogos y críticos en las décadas por venir. Será inexcusable su estudio como género. Que la dinámica propia del periodismo pretenda «informar» y consiga «narrar» es otra cosa, ajena por lo común a las intenciones de tal o cual periodista y más dependiente de la perentoriedad de constituir o construir una noticia ante un hecho.

Por ejemplo, las desapariciones de niños o jóvenes mimetizan con helado rigor el mejor folletín de suspense. Las imágenes de batidas de la Guardia Civil por los bosques de los alrededores, las declaraciones suplicantes de los padres del crío, las manifestaciones espontáneas de los amigos del pueblo donde vivía la joven y por fin el descubrimiento del cadáver o el felicísimo reencuentro con los padres son elementos perennes y exclusivos de este tipo de ficción.

Nada prohíbe hacer ficción de hechos reales; de hecho estas últimas suelen ser tomadas con fruición por los lectores o más bien espectadores, sin embargo es precisamente la renuncia a la ficción lo que distingue la prensa libre de la prensa amarilla. ¿Cómo diferenciar entre noticia y ficción ambigua? Habrá que interrogarse sobre qué es ficción y qué es noticia: los detalles. Las ficciones se construyen a través de las menudencias y las particularidades de sus personajes y cómo éstas se entrelazan para construir la historia.

Una noticia, por ejemplo, es: treinta y tres mineros quedan atrapados. Un comienzo de un relato es: Treinta y tres mineros quedan atrapados en su lugar de trabajo y algunos de ellos comienzan a padecer delirium tremens debido a su adicción al alcohol. La adicción al alcohol o a las drogas de un minero, por sí misma, no es noticia, pero ayuda a dibujar un argumento: los mineros deben ser rescatados cuanto antes para evitar la depresión, el síndrome de abstinencia o la violencia que pueda engendrarse por este motivo.

A diferencia de la ficción coherente sobre hechos históricos, la ficción creada a partir de hechos que suceden en el mismo momento de escribir tiende a atacar la sensibilidad más elemental del espectador-lector, un niño, un enfermo, una mujer maltratada, en definitiva, personajes desamparados ante unas circunstancias sobrehumanas que ponen a prueba la resistencia de su humanidad. De esta manera el receptor está casi impelido a sentir compasión por los protagonistas, está atado moralmente al niño desaparecido o a la mujer maltratada o al minero borracho.

La realidad noticiosa no se deja atrapar siempre bajo los cánones del folletín. Desapariciones que nunca se resuelven, secuestros simulados o la mujer maltratada que defiende a su agresor son relativamente comunes. La ficción creada por la prensa, por supuesto, no termina abruptamente, se va diluyendo a breves notas de prensa hasta que la ficción desaparece o es reemplazada con alguna otra.

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