La moto

anoche mientras dormía
el escape de una moto me despertó
de un sueño poblado por hienas
y el eco de la motocicleta fue creciendo
sobre el gotelé mohoso de la pared
como una sombra angulosa
y de repente paró

y volví a escuchar el rumor indefinido
de cualquier calle de la periferia
la autovía a lo lejos
el filamento de la bombilla de una farola en mal estado
los gatos encelados
no sé es un rumor que no se escucha en otros sitios
como el campo

volvió ese silencio inquieto
y yo seguí pensando en la moto
e imaginé que el motorista
había apretado el acelerador
para impresionar a su novia
que iba a horcajadas en la parte de atrás

o la novia le acababa de dejar
y por eso hacía rugir el escape furioso
y así condenaba al vecindario a conocer
su despecho estrepitoso
imaginé y no podía dejar de hacerlo
que la moto había resbalado
en una charca negra de aceite
había pasado sobre una bolsa de plástico del mercadona
y se había enredado en la bujía
y el motorista
se habría caído sobre el pavimento
se habría deslizado cientos de metros
en los cuales se olvidaría
de la novia, de su ira y de los vecinos

y su sistema parasimpático o simpático por afán de superviviencia
se había hecho cargo de las riendas de todo su ser
incluso de su conciencia
y así mientras se deshollaba a noventa kilómetros por hora
el sistema trataría de asirse a algo para lograr frenarse
a un agarradero inexistente
un árbol o un macetero o un arbusto sin conseguirlo
y su cuerpo (no él) agitaría los brazos como
un preescolar que se precipita al vacío desde un columpio
por primera vez

pensé que después de algunos segundos
se habría cruzado con una farola o un quitamiedos
y un momento antes de que le cayera la moto encima
podría ver sus vísceras dibujando en el suelo
un camino desde el lugar donde se partió
por la mitad
un camino de color azul y sangre

pensé que aún conservaría la consciencia
para asumir que en esta situación
ni el médico más prodigioso de una clínica
afamada de madrid o de una universidad de chicago
conseguiría reconstruirle,
que esas vísceras pegajosa y cubiertas de hollín y partículas de neumáticos
no volvería a tenerlas bajo su vientre como si nada hubiera ocurrido
y no volvería a entrar a un bar o a una peluquería
sin miedo a que se le volcaran sobre el umbral
o en el W. C.

pensé que tal vez ni siquiera se acordara de su imprudencia, ni de su novia
y que verse sobre la carretera como una tiza desgastada sobre un encerado
a los ojos de los vecinos despiertos por el accidente
del samur que, comprobada la fatalidad, actuaría con menos presteza
e incluso hablarían en voz alta de lo mal que se conduce por la ciudad
o de un conocido a quien se le mató un primo de manera parecida

verse así un par de minutos antes de perder la consciencia
partido por la mitad tan poco humano tan trozo de lo que fue
unos segundos antes
verse así
entre desconocidos y curiosos
entre gente que fuma y habla del sueño que tiene
que esperan a que dejes de respirar
para evitar que veas cómo cubren el lugar con serrín

pensé
este debe ser el peor sueño
la peor desgracia
la verdadera razón por la que morirse
la vergüenza

Un comentario en «La moto»

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