Diario de Londres II

Una de las crueles falacias más extendida a lo largo y ancho del tejido social es aquella que vendremos a llamar  parábola de la meritocracia, que vendría a ser la continuación sociohistórica del todo esfuerzo tiene su recompensa. Lo que en principio podría ser una suerte de estoicismo oculto, se revela la mayoría de las veces como una suerte de escatología moderna en la que la recompensa siempre es una cosa postergada, algo no presente, que siempre está más allá del propio esfuerzo, un paraíso terrenal indefinido que nunca termina por llegar. Las variantes acampan en prácticamente cualquier terreno de la vida, desde las más simpáticas, como la de que toda obra de gran factura acaba siendo mostrada al público, obviando, digamos inocentemente, que existen una serie de condicionantes que pueden impedir que precisamente eso ocurra, desde la censura política, la corruptela alineada con el “gusto” mayoritario, el falta de subvenciones necesarias o sencillamente, la ausencia de un criterio uniforme, hasta las más horríficas: son las que tratan con el desempleo o el dinero. El País publica estos días una serie de entrevistas a jóvenes (http://www.elpais.com/especial/preparados/), que desbrozada del sentimentalismo inherente a este tipo de manufacturas, muestran a una juventud descreída que ya no se aprende a pies juntillas el refranero popular, sino también su reverso bárbaro. A todo esfuerzo tiene su recompensa se articula aquel que no llega, es debido a su única y sola responsabilidad, dejando ese regusto culposo del que tanto y tan bien se han beneficiado los nuevos éticos liberales.

2 comentarios en «Diario de Londres II»

  1. Un aterrizaje suave como el subir de la Tower Bridge… Veo que ya estás siendo azotado por los vientos del Thames. En estos momentos, como Ulises, (el de Dublin, pero mejor el de Ítaca), el mundo se cambia sus significados hasta en las cosas más banales. Una sensación de rareza entre los dientes durante días, semanas, ¿años?
    Un abrazo y pronto nos vemos allí.

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