El mundo muerto

John Jay John creyó entonces que lo mejor sería utilizar un buen combustible. Lo distribuiría a lo largo de la calle para que abarcara la mayor extensión posible y así provocar un buen incendio. John Jay John se metió de nuevo en la casa y del garaje extrajo un bidón vacío que su padre había utilizado para guardar el compost del año pasado. Con una manguera succionó el combustible del coche de su padre y del de algunos vecinos hasta que el bidón quedó lleno de gasolina hasta los topes. Después lo ató con firmeza a su bicicleta y antes de echar a pedalear, le hizo unos agujeros en la base con una navaja, de modo que el combustible iba cayendo sobre la hojarasca a medida que avanzara con la bicicleta. John Jay John condujo varias veces a lo largo y ancho de su calle y solo paraba para llenar el bidón con el depósito de algún otro coche. Tardó poco tiempo en realizar toda la operación, unos quince minutos. La calle olía fuertemente a gasolina. John Jay John aparcó la bicicleta en el jardín de su casa y con mucho cuidado vertió el resto del combustible sobre la acera de enfrente. Después le prendió fuego.
No hubo una deflagración ni nada por el estilo. La gasolina echó a arder, pero las llamas no eran muy altas, apenas llegaban al tobillo de John Jay John. Por supuesto, las llamas no tenían la suficiente fuerza como para prender la hojarrasca y de hecho, se extinguió, en muchos tramos del circuito de gasolina que John Jay John había preparado. Enormemente enfadado por este nuevo fracaso, John Jay John agarró el bidón de gasolina, que aún contenía más de tres cuartos de su capacidad de combustible, y lo arrojó con todas sus fuerzas contra las ridículas llamas. Luego volvió a su bicicleta y ¡boom!, una explosión le arrojó al suelo. El bidón había estallado al entrar en contacto con el fuego, y parte del contenido había salido disparado contra el tejado de la casa de los Neherlans, que empezó a arder con vigor. Otra parte del combustible se había esparcido a lo largo de la calle y, unido al fuego que ya había provocado una deflagración bizantina. John Jay John se sintió satisfecho esta vez.

John Jay John en el Mundo Muerto, Sunil Priepa

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