A veces uno olvida que es escritor contra su voluntad

No se va a apagando el deseo, claro está, pero se va conteniendo: ya
lo noto en los gestos, en las muecas, en la forma de moverme, siento
mi cuerpo no liberado, sino construído a otros lenguajes (así como mi
lengua y paladar se modifican y el tono de mi discurso, así mis brazos
y mis cejas, por ejemplo). En un par de días, voy a terminar de leer
La violación de Lucrecia, de Shakespeare…

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