Ideología

Zizek

A una mosca ahogada en un vaso de leche.

Era un paraíso de puertas adentro,
valles de migas y un río de salsa
de tomate reseco, hubiera sido
el Edén de cualquier otro drosófilo;
pilas de platos con restos de grasa
y carne en proporciones
que harían sonrojar
al Ejército de Salvación,
crecía moho en el uvecé
y bolas de cabello te sonreían desde la ducha.

Mas tú renunciaste a las concupisciencias
más inmediatas y cargaste
tu zumbido, como anunciando la nueva fe,
de puerta en puerta
y de ventana en ventana.

Por desdén de los placeres más vulgares
ganaste mi respeto
y no te machaqué con el zapato
esta mañana:
las prisas y una vaga
certeza del matonismo genético de animal vertebrado
te concedió la gracia y ocho horas
de libertinaje para tus vuelos monótonos
y tus digestiones opíparas.

Pero elegiste la muerte más blanca:
un horror dulce y desnatado:
Nada más volver al piso,
te encuentro agonizante y flotante
en un vaso de leche a medio acabar,
¿tenías un hambre distinta o te pudo la glotonería?

Detestaras la carroña con la que se frotaban las patas
tus hermanas de parque y deposición canina,
u odiaras la infame servidumbre de las abejas,
lo que el elegiste
fue el ahogamiento
en el líquido más blanco
más ciego
y menos nutritivo.

Y eso me dio qué pensar.
Mientras arrojaba tu cuerpo azabache,
en el que aún se podía sentir algún temblor último,
al cubo de la basura
me dije que puede que el ignorante fuera yo
y que no entraras en casa
por el alimento que yo pudiera darte

sino que no sabías qué era el hambre
hasta que lo encontraste.

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