Tengo fe

SONIA.- ¡Qué se le va a hacer!… ¡Hay que vivir!
(Pausa.) ¡Viviremos, tío Vania!… ¡Pasaremos por una
hilera de largos, largos días…, de largos anocheceres…,
soportando pacientemente las pruebas que el
destino nos envíe!… ¡Trabajaremos para los demás
-lo mismo ahora que en la vejez- sin saber de descanso!…
¡Cuando llegue nuestra hora, moriremos
sumisos y allí, al otro lado de la tumba, diremos que
hemos sufrido, que hemos llorado, que hemos padecido amargura!…
¡Dios se apiadará de nosotros y
entonces, tío…, querido tío…, conoceremos una vida
maravillosa…, clara…, fina!… ¡La alegría vendrá a nosotros y,
con una sonrisa, volviendo con emoción la
vista a nuestras desdichas presentes… descansaremos!…
¡Tengo fe, tío!… ¡Creo apasionadamente!
¡Ardientemente!… (Con voz cansada, arrodillándose ante
él y apoyando la cabeza en sus manos.) ¡Descansaremos!
(Teleguin rasguea bajito, en la guitarra.) ¡Descansaremos!…
¡Oiremos a los ángeles, contemplaremos un cielo cuajado de diamantes y veremos
cómo, bajo él, toda la maldad terrestre, todos nuestros sufrimientos,
se ahogan en una misericordia
que llenará el Universo!… ¡Y nuestra vida será quieta, tierna, dulce como una caricia!… ¡Tengo fe!…
¡Tengo fe! … (Secándole las lágrimas.)

Tío Vania, Chejov.

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