Lo último

GREENWICH AVENUE

Estoy muy satisfecho de mí mismo.
Yo era un ser seco, huraño y solitario
que envidiaba a los otros su alegría.

Pero rectifiqué. Me costó mucho
adquirir compañía y cara alegre.
Y así he gustado aquellos dulces bienes
que envidiaba a los otros: amistad,
mujer, hijos y el éxito en los negocios.

Uno llega a obtener lo que desea
si de veras se esfuerza en conseguirlo.
La insistencia es la clave del acierto.

La piedra que se encima persistente
sobre sus compañeras de sendero,
logrará que tropiece alguien en ella.

Estoy muy satisfecho de mí mismo
pues sé rectificar. Y comprobado
que amigos, mujer, hijos y negocios
siempre me molestaban y agobiaban,
los dejé sin aviso y sin reparos.

Y he vuelto con alivio a mi yo joven,
a mi ser seco, huraño y solitario.
Y estoy muy satisfecho de mí mismo.

José María Fonollosa

Así como un tiene el derecho a la identidad,
(o a ser yo uno mismo, mísmísimo yo,
rey absoluto del trono de la mismidad,
del uno y no otro, de la inevitabilidad
de lo que se es y no lo demás )

a conocer su nombre, su origen, su patria;
quiénes son sus amigos, sus vecinos,
a la tribu, a su moral y a la posibilidad de minarla;

así como uno tiene derecho a ser,
también tiene derecho a no ser.

A no verse en fotografías
de hace un año, dos, quince años.
A no reconocerse en el nombre
que otras personas pronuncian,
a no contestar a las cartas,
a los correos, a las llamadas,

no trato de la muerte
porque es la desagradable
vedette invitada a cada fiesta
a cada casa
a cada familia

hablo de algo más sencillo
dejar de existir
agotando lentamente
cualquier movimiento
borrando cualquier rastro
de nuestros actos
hasta la paralización
absoluta
de la vida

todo
tiene derecho a desaparecer,
todo
tiene derecho a ser nada.

7 comentarios en «Lo último»

  1. No se sabe que es mejor en realidad… La gente que es feliz tiene un rastro de polvo cuanto menos, sospechoso. Los huraños también tienen una capa de polvo, pero suele ser polvo reciente, de ese, que con un poco de whisky, pasa bien por la garganta.

    Me imagino uno de los felices, hablando de aquel tiempo pasado que fue mejor, y digo, vaya putada, estar toda la vida recordando. Los huraños, al menos, sabemos que vivimos en el presente quejandonos de lo presente, y de lo que vendra.

    Me ha gustado mucho.

    Un beso.

  2. No hay nada peor que pasarse la vida habitando un futuro que nunca llega, un futuro que es una promesa espléndida en la que en el fondo no creemos, mientras en torno a nosotros se despliega un aciago presente que lo llena todo y que odiamos. Estoy hablando de la soledad de los huraños.

    No hay nada malo en estar solo. Nada moralmente malo. Nada. El problema es que la evolución nos ha diseñando de tal manera que chillamos en nuestro interior si estamos solos. La soledad no escogida es psicolóca y emocionalmente inviable. No podemos estar solos. Los objetos, las palabras y la vida te aplastan. Hay que elevarse por encima de esa pesadez horrible: hay que abrirse.

    Y no podemos «desaparecer». Como la protagonista de Persona, de Bergman. La vida acaba filtrándose por la más mínima rendija, con su viscosidad existencial. No hay salida. Fuera de la afirmación, la acción, la relación.

  3. conozco a uno que es feliz estando acompañado con el mismo, una camara o un ordenador y simpre tiene sonrisas y admiracion para los demas

  4. La identidad debe acabar cuando nos convertimos en esclavos de nosotros mismos. La identidad no es más que una metamorfosis, un diseño mental, un claudicar ante parámetros difusos. Un no observarse.

    La soledad, como apunta el insigne compañero más arriba, parece ser una obscenidad. Hoy, nos dicen, mejor aglutinarse, aunque sea a la fuerza.

    Pero esto es parte del rodar, del probar, del experimentar en la propia carne. De ser un nómada, física o mentalmente. Ya lo dijo Steiner: los hombres no tenemos raíces, sino piernas.

  5. El último regalo de mi 18 cumpleaños. De todos los libros de poesía que tenías en tu «austera» biblioteca, el que tengo entre mis manos me llamó la atención y tú decidiste regalármelo. De esta manera, cada vez que lo leo me acuerdo de ti.

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