Último poema

Esta noche gotea entre las sábanas
que tendrán que esperar a la mañana
para ser sacudidas en el sol
del patio.
A través de la ventana
alguna imagen de la calle estática
es invadida por los parabrisas
monótonos, ajando oscuramente
el agua de la lluvia, de los vientos.

Ya no queda despierto casi nadie,
los delirios y gritos son ahora
cigarras cuyo cuerpo está latiendo
en los rincones entre los pasillos.
No llega el sueño y yo no correré
para alcanzarlo.
Me miro las manos
y me asusta su carne blanquecina,
las cosas que no pueden contener.

Cruza por la ventana aquel caballo
mojado que soñé entre las nubes
de otra noche, con los cascos de plata
retumbando sobre el asfalto, terco,
ocultando con sus crines el rostro
amargo de quien lo monta.
Jinete
que construye con pasos metálicos
el temblor que ilumina tímidamente
la cara que le mira en vigilia.

La almohada reclama el vasto reino
que se ha perdido en mi cabeza como
un diamante en un bolsillo de hielo.

La fábula del lechero

Nunca te dirá no conduzcas hoy
nunca te dirá tenemos que visitar a mi madre
nunca te dirá el niño es tuyo
nunca te dirá ella te ha vuelto a llamar
nunca te dirá sin ti no soy nadie
o por favor no te enfades
no me golpees en la cara
estás enfadado
jamás volverás a verme
o me enciendes como una tea
cambia de canal
estás engordando
estás borracho.

Nunca te dirá ven a mi casa esta noche.
Nunca te dirá ¿estás solo? ¿Solo? ¿Solo?
Solo. Solo.

Flunitrazepam

Haz caso ya, no te alejes, el diácono
que ruge en el interior de la piedra
que guardas en el interior del estómago está
clamando desde los cimientos de tu ser.

Acaso no se comprenden
tus pies de barro con aquel futuro
que imaginaste en la región desértica,
acaso no creías que el amor
era un líquido ardiente,
que los vapores te llevaran
al encuentro con el amor.

No sé, a veces los árboles…
Su ceniza se cimbrea parece
morir de pie y su sombra es su lápida
innombrable.

Quisieras tal vez un televisor,
y ver tu vida en el televisor,
grabar tu vida en el televisor
para repetir, una y otra vez
los momentos más encomiables,
algún orgasmo,
añadir subtítulos en polaco,
realizar los comentarios
o la versión del director.

Primero un plano secuencia, el final:
tú mirando tu propio nacimiento
en la pantalla, en un bucle infinito
sin anuncios sin pausa sin aliento
en un círculo tragicómico
con el que alcanzar lo eterno, esto es:
lo que siempre quisiste:
no morir,
no ser inmortal.

Conjuro

Alcanza con la punta de los dedos
los harapos del aire denso
que cincela el paisaje
Los rostros escondidos en las uñas
son la materia con la que da forma
a las curvas y aristas de ese cuerpo.

Ha tomado su propia baba inerte
y como una argamasa, la ha unido
a las grietas orgánicas
que se conjuran contra toda física.

Aparta la figura de un soplido
el artista, una alfombra de guijarros
le sirve para caer rendido.

La estatua existe y no podemos verla;
una cascada de sal se interpone
entre nuestra mirada y ella.

La saliva, el cabello, toda sal
hacen la estatua viva.
Detrás o entre estas cosas
solo resta la nada.