Alondra

Tú golpeas el aire con tus alas
coralinas y haces el viento tuyo
para que la brisa abra así su cuerpo
y te regale su mundo interior.

Porque no había alondra antes que el nombre.
Ni al amanecer, ni en los blancos nidos,
ni en el recuerdo del pájaro contra
los muros poblados de esta casa.

Tú invades con perfume la tarde
sobre el río, tú vistes con tus plumas
el agua para que ésta eche a volar.

No otra cosa es la alondra sino su lento vuelo,
sino el aire cortado por sus alas
afiladas con su canto profundo
en las llagas de la hendidura.

Tú pasas en la noche, y permites
que la noche pierda su nombre: alondra.