Diario de Londres – No olviden que, ante todo, este es un diario de creación literaria y los pormenores de dos españoles sin empleo sin casa y sin dinero por Londres son de relativa importancia dada la generosidad de los sistemas de seguridad social en occidente, sin contar, todavía, a EE. UU.

A mí, los tloros nunca me habían parecido un pueblo digno de estudio. Vaya por delante que en ningún caso abogo por excentricidades antropocéntricas, y más siendo yo doctorado en ciencias humanas, pero los tloros, como millares de pueblos a lo largo de la historia, están condenados a la indiferencia. Un pueblo sin referencias culturales, sin escritura, sin rastros arquelógicos, que no ha dejado testamento físico de ningún tipo es un pueblo extinto. Se sabe (y así lo documenta Pascual Merino, uno de los discípulos más entregados de Menéndez y sospecho que amante ocasional del profesor) que los tloros existieron por terceras y cuartas referencias de historiadores locales. En el Prontuario de las Yndias Americanas, escrito por Juan Choz, a la sazón aventurero y canalla español, hay un párrafo en el que menciona a los Tloros como enemigos naturales de «las economías espirituales reales o ficticias, así como de cualesquiera menesteres relacionados con la esperitualidad (sic) o la adoración de ídolos, falsos o cristianos».
Markovitz, Los Tloros

La verdad sobre el LHC

Sí, sí, bueno, no puedo detenerme en los detalles técnicos, luego llamo a un ingeniero para que se lo explique. Bien, pues girando en un sentido (en el de las agujas), el acelerador aceleraba en igual proporción y hacía lo mismo con las partículas del sujeto que llevara el reloj. A eso lo llamamos el Fast Forward, y en ocasiones era muy útil, porque bastaba adelantar el reloj una hora e inmediatamente había pasado una hora para el sujeto que lo llevara. Utilísimo para esperar turnos o resultados de lotería. Lo que pasaba con el cuerpo del acelerado (lo llamo así para que me entienda) es que desaparecía mientras estaba en aceleración. ¿A otra dimensión? ¿A otro universo? Yo que sé. El tipo se esfumaba y luego reaparecía en el mismo lugar, solo que una, dos o las horas que hubiera movido las agujas. A veces la gente se llevaba unos sustos increíbles en la parada del autobús. La otra forma de utilizar el aparato fue aquel que el departamento de márketing llamó Pause-Still. No me negará que los carteles de la campaña de publicidad no fueron un lujo de creatividad. Entre nosotros llamábamos al reloj «el mando a distancia de la vida real», aunque como brand es demasiado largo. En este último modo, el acelerador aceleraba al revés, es decir, que las partículas iban en sentido contrario, con lo cual el tiempo del usuario quedaba prácticamente detenido. En este caso, no desaparecía el cuerpo, al menos no es lo que se puede comprobar si uno coloca una cámara slow-motion en la puerta de las Naciones Unidas o alguna entidad financiera: lo que a simple vista parecen ráfagas de aire no son sino usuarios de nuestro reloj con el tiempo enlentecido, corriendo de un lado para otro. En la película se les puede ver perfectamente.

Relato que se incluirá en el libro Un hombre cae de un edificio

Un hombre cae de un edificio

The imagination has been so debased that imagination – being imaginative – rather than being the lynchpin of our existence now stands as a synonym for something outside ourselves like science fiction or some new use for tangerine slices on raw pork chops – what an imaginative summer recipe – and Star Wars! So imaginative! And Star Trek – so imaginative! And Lord of the Rings – all those dwarves – soimaginative
The imagination has moved out out the realm of being our link, our most personal link, with our inner lives and the world outside that world – this world we share. What is schizophrenia but a horrifying state where what’s in here doesn’t match up with what’s out there?
Why has imagination become a synonym for style?
I believe that the imagination is the passport we create to take us into the real world.
I believe the imagination is another phrase for what is most uniquely us.

Paul en Six Degrees of Separation, John Guare

La imaginación ha sido tan degradada que la imaginación, o bien «ser imaginativo», más que tratarse del eje de nuestra existencia se ha convertido en un sinónimo de algo externo a nosotros mismos, como la ciencia ficción, o para emplearla en combinar mandarinas con chuletas de cerdo (¡qué receta tan imaginativa!). O Star Wars (¡qué imaginación!) O Star Trek (¡qué imaginación!) O esos enanos del Señor de los Anillos, tan imaginativo.
La imaginación ha dejado de ser el vínculo con nuestro ser más íntimo, con nuestro mundo interior, y el mundo fuera de ese mundo: el mundo que compartimos. ¿Qué es la esquizofrenia sino el terrorífico estado mental donde lo que está aquí dentro no concuerda con lo que está ahí fuera?
¿Por qué la imaginación se ha convertido en un sinónimo de «estilo»?
Creo que la imaginación es el pasaporte que creamos para transportarnos al mundo real.
Creo que la imaginación es simplemente otra frase para decir «nosotros«.

Traducción propia

Nos hemos decidido a lanzar toda esa imaginación y vertirla sobre un proyecto que, con el tiempo y mucho trabajo, se convertirá en un libro. Yo he escrito esos relatos, pero nunca se escribe desde el desierto ni desde la hoja en blanco: las lecturas anteriores, la muerte, el sexo, la envidia, la alegría sedimentan cualquier obra humana.

En unos días colgaré un artículo en www.unhombrecaedeunedificio.com/blog donde hablaré con un poco más de detenimiento acerca de lo que supone escribir un relato, una pieza, un poema. La página web irá creciendo conforme avance el proyecto y esperamos tenerlo terminado (el libro, el proyecto) en pocos meses. Queremos detenernos y explicar todo el proceso, documentarlo y que vosotros también participéis con vuestra sugerencias, vuestras colaboraciones y vuestras críticas. El libro, a fin de cuentas, es la excusa. Lo importante, supongo, es el vínculo.

Un hombre cae de un edificio es mi/nuestra/vuestra próxima obra.