Vertedero en Editorial 16

Muy contento de que salga Vertedero, en Editorial 16.

Os dejo con la portada y la sinopsis.

En los tres relatos de Vertedero se explora el lado oscuro de la masculinidad en la generación, supuestamente, más libre y menos prejuiciosa de todas. Tres historias donde la hipersexualidad, las relaciones tóxicas, la publicidad y el borrado de identidades de las grandes ciudades, violentan a sus personajes y los colocan al borde de la neurosis. Deseo y enfermedad, individualismo feroz y consumismo cruzan las páginas para reflexionar sobre la distancia que aún hay entre los discursos sobre nuevas masculinidades y la realidad de estos.

En las tres historias de Vertedero, los personajes siempre están a un paso de desmoronarse. Transcurren en grandes ciudades alucinadas donde la publicidad, la hipersexualidad y el borrado de identidades que celebraron los hípsters se conjuran para ocultar su miedo a las mujeres y a la incomprensión de los otros. Barcelona, Madrid, la precariedad omnipresente transcurren por estas tres nouvelles que son un retrato más realista de la generación de las redes sociales.

Promesas de Año Nuevo

No beber alcohol. No escuchar el lenguaje de saldo de mercachifles. No conceder peso de más a lo que debe ser liviano.

Gastar en aquellos libros que siempre estuvieron ahí, a la espera de ser rescatados.

Sospechar menos, afirmarse más: no tener una opinión sino construir convicciones que uno esté dispuesto a defender.

Creer en lo que dicen los libros, porque unos corrigen a otros y entre todos crean una razón universal, común, fluida.

Mejorar la caligrafía, porque la letra antigua ha de anunciar la futura. Cuidar el cuerpo como quien cuida la inocencia de sus hijos, de sus lenguas.

Ignorar los debates que son pura fantasía, interrogar a la fantasía mismo, constatarlo por escrito.

Preguntar a los personajes de ficción qué hacer con lo palpable, nuestra vida, el trabajo, el tedio.

Escribir lento, porque invita a la reflexión lenta, a la lectura lenta, a la vida lenta.

No exigir al tiempo o al mundo aquello que no era para ti, que nunca pediste, que nunca será, porque de ese modo solo llegará lo que sencillamente es.

Aprender que las imágenes, sonidos, personas que pasan por la cabeza, lo que llamas pensamientos, ‘es’, y que toda adjetivación o interpretación es divertimiento e invitación al desespero.

Vivir, sin apenas saber que vives.

Aún no tenías ojos

Aún no tenías ojos cuando empecé a quererte. Apenas podías escuchar el latido de tu madre, y tu rostro se comenzaba a formar, te conocía solo por tu nombre. Y para entonces ya te amaba.

Te empecé a amar desde la imaginación, como se aman a los personajes de los libros, como se aman los seres fantásticos y los superhéroes, como se aman las leyendas y los cuentos, como se aman todos esos nombres con los que secretamente ordenan nuestros días: los espíritus y los dioses pequeños, los fantasmas de nuestros antepasados, las voces que nos susurran para enfrentarnos a tamaña vida.

No existías, o sí, porque la existencia la certifica el tacto, la presencia, la mirada, las palabras y tú aún no podías tocarnos, vernos, abrazarnos.

No eres, no estás aquí y sin embargo te tengo presente cada día, cada momento de mi vida. Me pregunto por tu voz, por los rasgos definitivos de tu rostro, por el color de tus ojos. Me asustan las enfermedades en las que todavía no has caído, los insultos que aún no has recibido, las frustraciones que todavía te quedan por vivir. Me asusta el padre que podría ser.

Cómo serás cuando estés aquí, cómo te amaré, si como eres ahora te quiero tanto.

La germana petita

Al nouvingut sempre se’l tracta amb una barreja de respecte i de por: per on sortiràs?

Un argentí em va pregutnar en arribar a Catalunya perquè posava tant esforç en aprendre el català, si tothom ja parlava la llengua obligatòria. Que ell vivia i parlava en castellà des de feia deu anys, que mai ningú li havia dit res ni havia protestat.

Millor aprendre l’anglès, que és més útil.

Ningú ja intentava parar-li en català i ell veia aquest no parlar, aquest abandonament, com una victòria.

Podria haver discutit: ja n’hi ha, de coses inútils que s’aprenen per imposició o per vulgaritat: les derivades parcials, el Pare Postre, el nom de determinades persones. És una idea molt liberal que va penetrant en la psiquis social: tot allò que és inútil ha de quedar relegat a la regió de les aficions i la canalla. El català és com la filla petita la qual interromp als pares quan es parla d’alguna cosa important i la qual envien de nou a l’habitació, amb les joguines i els seus amiguets. Alguns dels defensors del català com a identitat exclusiva tampoc hi ajuden.

Moltes vegades, et canvien de llengua, i l’amaguen, i es disculpen, mig avergonyits, com el nen que ha parlat massa alt davant dels pares. Passa molt sovint: et delata l’accent, la postura, els cognoms. Entens el català?

Vaig aprendre l’anglès per aquestes coses de l’imperialisme; el francès per Jacques Brel; el portuguès per amor. El meu conegut tenia tota la raó: no cal aprendre el català, ni tan sols a Catalunya, on tothom ja se’n fuig.

No importa que per a molts, s’hagi de convertir en una llengua íntima, de portes endins, per parlar amb els amics, els pares, els germans. Penso en Schibbolet, de Paul Celan: la paraula que només coneixen alguns, la clau, la contrasenya. Tradueixo:

Cor:
dóna’t a conèixer també
aquí, enmig del mercat.
Vaig donar a veus el shibbóleth
en l’estranger de la pàtria:
Febrer, no passaran.


Vaig aprendre català per amor a les coses inútils: les derivades parcials, el Pare Nostre, el francès. Vaig aprendre català per a entrar en noves intimitats, les dels meus nous amics, germans, pares, per conèixer les altres paraules claus: shibboleth, cor, papallona, pessigolles. Vaig aprendre català per amor a les germanes petites que tenen tantes coses per a ensenyar-nos.