Autor: Raúl Quirós Molina

  • Otra de poetas raros: Roger Wolfe

    Aunque ya le han colocado el sambenito charlesbronsoniano de realista sucio y con ello han etiquetado a toda una generación de poetas raros (Karmelo Iribarren, Violeta C. Rangel amongst others) el caso es que resulta peliagudo tratar de enclaustrar a Roger Wolfe en algún tópico literato de los que abundan sobre, por ejemplo, Charles Bukowski o Raymond Carver. Que digo yo, que Bukowski es muy genuino y tal, pero tiene novelas que no hay dios que las soporte, por ejemplo Mujeres. Que fue un escritor en rebeldía, pues qué bien, pero ¡ay! ¿No es cierto, ángeles de amor, que Bukowski escribe y reescribe los mismos personajes una y otra vez, casi podría decirse que adrede para lucimiento y solazamiento de locutores de RNE-3 y adolescentes acalimochados? ¿Y de Carver, qué? Si hasta se dice que no escribía él

    Así que a falta de algún maldito más enjundioso se escogió a Roger Wolfe, porque sonaba a americano y a «lobo» y ¡tachán! En mi caso descubrí a este poeta en el váter. No trato de darle más emoción al asunto: es, al menos, como yo lo recuerdo. Mi madre trabajaba en la universidad de Alcalá en 1994 y por aquel entonces se editaba una revista llamada Barataria, a mi parecer de gran interés por cuanto incluía artículos de prácticamente todas las ramas de la filología, acompasados, eso sí, por algunas piezas como la que sigue. Lo pongo porque no me avergüenza decir que fue el primer poema que me consiguió una erección, y eso, con trece años, es toda una experiencia reveladora. Y por dar la nota intelectual o crítica: atención a la confluencia que se da en los 7 u 8 últimos versos – cómo todos los personajes aparecen en el mismo tono onírico oscuro, en el mismo poema, en la misma escena, en un mismo sentimiento, y cómo no es tonto, este Roger.

    Pues ¿que queréis dos libros, que os recomiende? Arde Babilonia, de Visor y Días perdidos en los transportes públicos, editado por Anthropos (que no sé si me perdieron en Irlanda). Comprobaréis lo que puede hacer editar a un poeta un cambio súbito de editorial. Para bien y para mal.

    Déjame soñar contigoRoger Wolfe

    Anoche tuve
    un sueño raro.
    ¿Qué soñaste?
    Estábamos en casa
    mi amiga y yo.
    Entró el vecino.
    Entró el vecino
    y nos folló. Primero
    a mí. Me subió
    a la mesa y
    me abrió de piernas.
    Tenía el pene gordo.
    Me folló. Luego
    cogió a mi amiga.
    A ella la folló
    en el suelo, de rodillas,
    por detrás.
    ¿Y luego?
    Luego nada.
    No me acuerdo.
    Sólo que esta mañana
    al despertarme
    estaba tan encedida
    por dentro
    que me he tenido
    que masturbar
    Había dicho encendida.
    Por dentro. Masturbar.
    Y él dijo: ¿Sí?
    Y hubiera querido añadir:
    ¿Por qué no me dejas soñar contigo?
    Pero no lo hizo.
    Más tarde, en casa,
    perniabierto encima de la taza del water
    se masturbó.
    Pensando en ella.
    La amiga.
    El vecino estaba allí
    también.

     
  • Alma alérgica

    Ya quedan pocas cosas por llevar a la nueva casa, y las que restan -libros de la primera carrera, apuntes de la segunda, papelajos sin sentido, poemas que no cuajaron- tienen los días contados: acabarán macerando en un contenedor de reciclaje o quemados.

    Tomo algunos al azar.

    Esto estaba escrito en una balda del mueble:

    Volver / a las ramas y esquejes / esta es la corteza, esta es la savia / que volutas de aire…

    Y la tinta del insomnio escribe páginas de insondable belleza…

    Un bote de colonia que nunca se acaba sobre otra balda, que tampoco se acaban.

    Fa. Frescor. Agua de colonia. Limones del Caribe.

    Una carta que no terminé. Ni terminaré.

    En ocasiones me sucede que escribo algunas notas y despúes las olvido, meses después, dudo acaso que en efecto yo haya sido el autor y no algún escritor a quien haya plagiado inconscientemente.

    Las obras completas de Celan. Las pongo en alemán – ¿qué si no? ¿Esperábais que me bajase de la burra y lo pusiese en castellano? ¿En vulgar y tosco castellano? ¡Por favor!

    Soviel Gestirne, die
    man uns hinhält. Ich war,
    als ich dich ansah -wann?-
    draussen bei
    den ander Welten

    Tantas estrellas que
    nos ofrecen. Yo estaba
    cuando te miré -¿cuándo?-
    fuera en
    los otros mundos.

    (Con poesías como ésta y ciertas canciones, joder, parece que el mundo te leyó la mente antes de nacer. Como si en efecto tu biografía ya estuviera contenida en alguna suerte de biblioteca de Babel. Como si ser y pensar fueran una y la misma cosa, Parménides)

    Otro Parmenídeo, fíjate qué casualidad, en una factura.

    Vodafone piensa en ti y en lo que necesitas cada día.

    Creo que Vodafone piensa mucho. DEMASIADO. Sería gracioso llamar al número de teléfono que indican en la factura y preguntar: «Bien, dígame, qué es lo que necesito hoy». Y que en efecto te lo dijeran. Pero me da, no sé por qué, que va a ser lo contrario de lo que pienso, y por tanto lo contrario de lo que necesito. De lo que soy.

    «En torno a mi trabajo como pintor». De Antonio López. Un libro que por fin no habla sobre la pintura sino en torno al trabajo de pintar. Es decir, pinceles, chinchetas, hilos de bramante. Struggling for life, struggling for art.

    Me voy. Lo cierto es que me pongo demasiado íntimo y menos decadente de lo que debería, y aunque mantener el blog no me supone gran problema ahora temo entrar en barrena y utilizar esto para despropósitos de resaca. Es cierto, adoro recibir correos y escribirlos. Por ejemplo, pienso en algunas cosas que comencé en Lyon y no terminé. Me estoy convirtiendo poco a poco en una puta de mi propia laxitud y pasividad moral – ¿debería prepararme unas oposiciones o adquirir una uve pé o, por aquello de tener algo que hacer? ¿Pensar en Hacienda como entelequia total? ¿Casarme? ¿Irme al extranjero otra vez? ¿Montar una productora de cine X?-.

    E tu, Brute?

  • Viejos títulos, ideas nuevas

    Tú pintas una mujer desnuda porque disfrutas mirándola. Si luego le pone un espejo en la mano y titulas el cuadro «Vanidad» (Merling) condenas moralmente a la mujer cuya desnudez has representado para tu propio placer. Pero la función real del espejo era muy otra. Estaba destinado a que la mujer accediera a tratarse a sí misma principalmente como un espectáculo.

    John Berger. Maneras de ver.

  • Próximas adquisiciones

    Tres poetas que me voy a regalar, tres poemas que hablan de hambre. Ideal para un artículo en Especulo.

    Anomalía (Concha García)

    No paseo. Ni ando. Voy a casa.
    Cayó del monedero el bono-bus
    y tengo cinco duros. Ni para
    cerveza me queda. Te amé
    escrupulosamente. Iba
    a charcuterías y te invitaba
    a cenar. Eso era una muestra
    evidente de mi ternura. No
    tengo nada. Nada.

    Desnatada (Belén Reyes)

    Estoy al borde de ser borde,
    me lo noto.
    El precipicio crece,
    estoy cansada.
    Estoy al borde de ser borde,
    estoy a punto
    de nieve
    mucha nieve. Estoy helada.

    Estoy al borde de ser borde
    y duele mucho.
    ¡Dios mío, hazme mediocre!
    Estoy cansada
    de apostarme la vida a cada instante,
    de ir desnuda y verter en todo, el alma.

    Déjame que me quede aquí
    en el medio,
    envuelta en celofán,
    bien razonada.

    Dame mesura, Dios,
    dame mesura,
    mesura chapucera y cotidiana.

    Hazme mediocre, Dios
    hazme mediocre.
    En vez de corazón
    una ensaimada.
    Y el alma en tetra-brik
    para que dure….

    Ten compasión
    y hazme desnatada.

    A dieta (Amalia Bautista)

    Me acosté sin cenar, y aquella noche
    soñé que te comía el corazón.
    Supongo que sería por el hambre.
    Mientras yo devoraba aquella fruta,
    que era dulce y amarga al mismo tiempo,
    tú me besabas con los labios fríos,
    más fríos y más pálidos que nunca.
    Supongo que sería por la muerte.

  • Cat Power para todos

    Ayer me quedé dormido en el coche. Me despertó el ruido de la tormenta contra el parabrisas, lluvia que no paró hasta llegar a casa. Y para celebrar tan emotivo acontecimiento (soy un romántico indefinible), escribí el tercer poema de las constructoras, a la regular estela del último éxito desta web.

    Ferrovial o La fábula del lechero

    Nunca te dirá no conduzcas hoy
    nunca te dirá tenemos que visitar a mi madre
    nunca te dirá el niño es tuyo
    nunca te dirá ella te ha vuelto a llamar
    nunca te dirá sin ti no soy nadie
    o por favor no te enfades
    no me golpees en la cara
    estás enfadado
    jamás volverás a verme
    o me enciendes como una tea
    cambia de canal
    estás engordando
    estás borracho.

    Nunca te dirá ven a mi casa esta noche.
    Nunca te dirá ¿estás solo? ¿Solo? ¿Solo?
    Solo. Solo.

Raúl Quirós Molina
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.