Autor: Raúl Quirós Molina

  • Todo el mundo habla de La Soledad

    Hablemos claro: a poca gente le gustará esta película. En primer lugar porque emplea un lenguaje narrativo al que el espectador español no está acostumbrado y en segundo lugar porque la puesta en escena de ese lenguaje en pantalla es un ejercicio hiperrealista tras el cual que apenas quedan trazas o distancia entre lo que sucede a un lado y a otro de la pantalla. Lo que ocurre allí, ocurre aquí, verbatim.

    Por eso, y porque las historias son vulgares de puro común (peleas por un piso, cáncer, separaciones) Rosales se detiene en lo banal desde una mirada petrificante y avasalladora: el espectador no debe enfrentarse sólo a la tensión dramática una escena, sino también a lo que ocurre en los bastidores. La mirada del voyeur, no trata de seducir al personaje ni al espectador, quiere hacerlos uno y que compartan la miseria.

    En La Soledad se ve al Rohmer de los Cuentos, al Haneke de las primeras películas e incluso al Guerín de En construcción: planos largos sin movimiento, historias abiertas, ausencia de música ambiental, conversaciones fútiles pero que dicen más de lo que callan (en la película de Rosales, el dinero es un elemento «sospechoso» de separación). Y sin embargo, vale.

  • Uno es el poeta, Jaime Sabines

    De verso llano, directo y algún mesticismo; y de una elegía (Algo sobre la muerte del Mayor Sabines) con tintes más modernos (es el cáncer el que le atrapa) que en Miguel Hernández, Lorca o Jorge Manrique está lleno uno de los dos únicos libros editados de Jaime Sabines en España, Uno es el poeta, editado por Visor hace un par de años.

    No debe confundir al lector o al crítico la tonalidad ligera, casi de celebración romántica de muchos poemas Jaime Sabines. Porque al igual que el Neruda de los poemas de amor, o Benedetti – antólogo frecuente del mexicano -, bajo la apariencia de poesía para enamorados se esconde una reflexión constante sobre la condición humana en todas sus virtudes y defectos: la metafísica, la política, la irónica.

    Os dejo con la que yo creo es la parte más emotiva del poema dedicado a su padre, incluído también en la antología Las Ínsulas Extrañas. Este soneto en concreto y no otro porque cuando lo leía iba de camino al curro en el último asiento de un autobús, en un atasco en medio de la carretera de Vicálvaro a San Blas. Y ahí en medio, pensé en mi padre, pensé en el padre de Jaime Sabines y me dió, ¡cosas de la vida!, por echarme a llorar.

    Me acostumbré a guardarte, a llevarte lo mismo
    que lleva uno su brazo, su cuerpo, su cabeza.
    No eras distinto a mí, ni eras lo mismo.
    Eras, cuando estoy triste, mi tristeza.

    Eras, cuando caía, eras mi abismo,
    cuando me levantaba, mi fortaleza.
    Eras brisa y sudor y cataclismo,
    y eras el pan caliente sobre la mesa.

    Amputado de ti, a medias hecho
    hombre o sombra de ti, sólo tu hijo,
    desmantelada el alma, abierto el pecho,

    Ofrezco a tu dolor un crucifijo:
    te doy un palo, una piedra, un helecho,
    mis hijos y mis días, y me aflijo.

  • Lo malo de Billy Collins

    Lo malo de Billy Collins es que, aun sin estar muerto, sin pertenecer a una generación des enfants terribles y siendo un simple profesor neoyorkino haya conseguido vender más libros de poesía que muchos de sus adláteres nacionales y de ultramar. Se aduce -desde aquí, España- que practica una poesía bombástica y ramplona, se le compara y desprecia ominosamente con ciertas tendencias españolas de la experiencia -como comparar a Schulz con el bueno de José Escobar– y que por ello cala y se lleva tan requetebien con el inconsciente colectivo norteamericano; y añado, como prácticamente todos los poetas de los años 50 para adelante: Robert Lowell, James Wright, Robert Frost. Lo malo es que hablamos de un país de historia sans Reyes Católicos, Imperios Austrohúngaros, feudalismo, Inquisición, sin la pesada tradición a la que dar justo pago a través de críticos, historiadores, profesores de lengua, editores, antiguos profeta, modernos profetas, etcétera. Si el pecado nacional español es la envidia, unos contra otros; el de los americanos es el de la soberbia: unos encima de otros.

    Que en lenguaje poético se podría decir lectura y diálogo con tus contemporáneos, oh, tus lectores. Y eso, no sólo en poesía, no está tan mal.

    The Future
    by Billy Collins February 4, 2008

    When I finally arrive there—
    and it will take many days and nights—
    I would like to believe others will be waiting
    and might even want to know how it was.

    So I will reminisce about a particular sky
    or a woman in a white bathrobe
    or the time I visited a narrow strait
    where a famous naval battle had taken place.

    Then I will spread out on a table
    a large map of my world
    and explain to the people of the future
    in their pale garments what it was like—

    how mountains rose between the valleys
    and this was called geography,
    how boats loaded with cargo plied the rivers
    and this was known as commerce,

    how the people from this pink area
    crossed over into this light-green area
    and set fires and killed whoever they found
    and this was called history—

    and they will listen, mild-eyed and silent,
    as more of them arrive to join the circle
    like ripples moving toward,
    not away from, a stone tossed into a pond.

    Publicado en el New Yorker

    El Futuro
    por Billy Collins,
    4 de Febrero del 2008

    Cuando finalmente llegue allí,
    y esto llevará varios días y noches,
    me gustaría creer que otros me estarán esperando
    y que quizá quieran saber cómo fue aquello.

    Así que haré memoria sobre un cielo en particular,
    o sobre una mujer con un albornoz blanco,
    o sobre aquella vez que visité el estrecho
    donde tuvo lugar una conocida batalla marítima.

    Después desplegaré sobre una mesa
    el extenso mapa de mi mundo
    y explicaré a la gente del futuro,
    vestida con pálidas ropas, cómo fue aquello.

    Cómo las montañas florecieron entre los valles
    y a esto se le llamó geografía;
    cómo los barcos mercantes navegaron los ríos
    y se le llamó comercio.

    Cómo el pueblo de este área rosada
    cruzó la frontera hasta este otro área verde claro
    y prendieron fuego y mataron a todo aquel que se topó en su camino,
    y cómo a esto se le llamó historia.

    Y ellos pondrán atención, con la mirada leve y en silencio,
    mientras otros se irán uniendo al círculo,
    como las ondas que una piedra deja en el agua cuando cae en un estanque,
    hacia el centro, no hacia fuera.

    Edita Bartleby, que últimamente se están jugando el tipo.

  • Meta Ta Physika

    I – He encontrado editor.

    II – En otro orden de cosas, Los Crímenes de Oxford es la prueba fehaciente de que Álex de la Iglesia no es director de cine, sino un trekkie con dineros, y un síntoma más o menos claro del tipo de cine que se promociona en España. Por ser dadivoso y tocarle con un adjetivo grácil diremos que es panderetesco. Hay una bizarra asunción por parte de los prohombres de generaciones anteriores (comenzando por los que rondan entre los 30 y los 40, y hacia atrás) que considera que ha de perpetuarse «porque funciona» una cierta línea intelectual prehistórico-puertohurraquiana, esto es, un anti-intelectualismo tan feroz como anquilosado en los albores del siglo pasado , e impensable en un mundo tan interconectado en el que cualquier manera de autarquía o nacionalismo cultural es por sí mismo absurdo. Así que, ¿a qué ese provincianismo modernizado de Torrentes, Mortadelos y Filemones, Santiago Segura, tetas y culos, culos y tetas, etcétera?

    III- Por plantear una vez más el problema del cine en España: existen dos tipos de espectador, no necesariamente enfrentados, pero de gustos diferentes. Está el espectador que consume cine como elemento de ocio, y está el que consume cine como elemento de cultura. El primero se solaza como lo hace un aficionado en un partido de fútbol: sólo hay tres posibles soluciones al match, gana, pierde o empata. Los fuera de juego se pitan y los corner se sacan con el pie. Cuando el espectador va a ver Spiderman 3 sabe lo que está viendo, y no espera otra cosa que a Peter Parker metiéndole goles al Doctor Muerte. No espera que, por ejemplo, la tía May se suicide y el pobre de Peter tenga que vender su culo para pagar facturas.

    El otro espectador se parece más al visitante de museo: a veces sabe de qué trata la exposición, otras se coloca detrás de un barbudo a escuchar sus sabias indicaciones y clases magistrales y en la mayoría de las ocasiones está por la novia o por los colegas.

    Pues bien, los franceses, como son muy listos se dijeron a sí mismos: nosotros no podemos competir con el cine de terror estadounidense, las películas de acción estadounidense, las comedias de adolescentes estadounidenses, así que, ¡eh! ¿por qué no creamos el cine francés? Sacamos a unas tías macizas, creamos unos personajes que frivolicen sobre todo y actuamos como si el resto del mundo girara en torno nuestro.

  • Volver a leer

    I – Vives con una pátina perpleja sobre los ojos: el trabajo escocido, el Atleti de Sabina, los rizomas que te has alisado, las microestructuras de poder a 5€ en el IKEA, Cría Cuervos de Saura para hacer el resto de las infancias más felices, la crisis periódica de la Bolsa.

    II – Hace tiempo que piensas que los poetas se vuelven pretenciosos con el paso de los años, Antonio Gamoneda que pasa de un anonimato respetuoso a un protagonismo político feroz, César Antonio Molina ministro a la Semprún, Sabina… Un momento, se me ha traspapelado Sabina

    III – Diríjase a una biblioteca. Busque en el catálogo un libro del depósito, a ser posible de teoría aporética, de aquellos que no tienen su contrapartida en los anaqueles de los pasillos. Deje que el bibliotecario se revuelva en su asiento y por fin baje a por el mencionado tomo. Tómelo. Hojéelo. Vaya a la estantería y tome uno más vulgar. Lea sólo la introducción.

    Cuando alguien desalentadamente afirma: «todo está dicho en poesía» nos hace ver que tal vez ha entendido mal cuál es la función que ha de esperarse de ella. En poesía más bien «todo está siempre por decir», por cuanto el mundo está siempre cambiando, o «todo está por repetir de nuevo como si aquello se dijese por vez primera». De la misma manera que al hombre, cuando no ha nacido, no le importa saber que como vivo está repitiendo la vida de los muertos. Nada mengua tampoco el dolor que sufre por saber que antes que él otros han agotado esa experiencia, ni siente marchitado un placer, o disminuida su intensidad, porque sepa que antes alguien lo ha gozado, y quizá en un mayor grado. En este sentido, el nombre que de niños nos debiera corresponder a todos es el de Adán.
    Francisco Brines

    Entonces escribes. Lees. Y cuando llega, no hay manera de contenerlo. Mira a través de los cristales. Entre los andamios y los edificios de tu patria íntima. Allí estaba.

    Sobre la valla de una promoción Sacyr Vallehermoso

    Con el tesón de un héroe
    trágico, he tratado provocar
    la más grande de las desolaciones
    a quien se aventuró por mi camino,
    hasta que el sordo fuego de mis pies
    macabros consumiera nuestra carne,
    y el gélido aire de la noche
    soplara la ceniza hasta los prados
    baldíos en los límites de nuestra ciudad.

    La misericordiosa lluvia,
    los caprichos del sol,
    el estiércol dorado de animales
    arbitrarios y ciegos se unirán
    un día con la tiera emponzoñada
    de cemento y cenizas,
    y en las raíces de los brotes incrédulos
    uniré mi sustancia a la de aquellos
    que arrastré hasta mí y en mis huesos vivieron.

    Entre las amarillas grúas
    y los chalecos reflectantes
    se encarnará entonces,
    una vez más,
    la vida.

Raúl Quirós Molina
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