Autor: Raúl Quirós Molina

  • Apócrifos de Mairena

    De todas las clases que impartía el maestro Mairena, la que mayor excitación provocaba a sus alumnos era la de Política. El maestro, de condición política indefinida, solía sentarse en su mesa y abrir el periódico por la sección de sucesos, mientras dejaba que los alumnos se enzarzaran en agudos debates. Como él mismo argumentaba: “¿La política? Cosa del pueblo, es bien sabido. Nadie mejor que nuestros vendedores de periódicos o nuestras porteras para conocer el estado actual de la economía o los contubernios entre las Cámaras. Mi maestro Abel Martín lo reflejaba de una manera lúcida en estos versos, inspirados seguramente en las palabras de un viejo conocido suyo”:

    “Es de noche. Se platica
    al fondo de una botica

    -Yo no sé,
    don José,
    cómo son los liberales
    tan perros, tan inmorales.

    -¡Oh, tranquilícese usté!
    Pasados los carnavales,
    vendrán los conservadores,
    buenos administradores
    de su casa.

    Todo llega y todo pasa.
    Nada eterno,
    ni gobierno
    que perdure,
    ni mal que cien años dure.”

    Sin embargo, no faltaba quien objetara a Mairena su impavidez ante los cambios de gobierno que se daban por aquella época.

    – ¿No cree usted que la gente debería estar al tanto de los acontecimientos políticos para evitar la tiranía de nuestros dirigentes?
    – No considero que ése sea un mal mayor – respondía Mairena.
    – Pero, ¡qué barbaridades dice!
    – No se caliente, amigo mío, recuerde que el tirano lo es porque “tiranea” a unos tiranizados. Más que ejercer éste el mandato a su gusto, es el pueblo quien permite ser mandado, y sin esto último, cualquier gobierno es una mera ilusión del político, puesto que no hay nada más fugaz que un dirigente sin nadie a quien mandar. Ahora, que el tirano crea que el poder proviene de Dios o de la Historia… No es más que cortesía del pueblo.

    —-

    Textos apócrifos de Juan de Mairena, Lluis Prévert

  • Cioran

    Mis libros, mi obra… El carácter grotesco de esos posesivos.
    Todo se pervirtió el día que la literatura dejó de ser anónima. La decadencia se remonta al primer autor.

    E. M. Cioran

  • Cosmopoética 2010 (VI)

    Ábrete sexo
    como una flor que accede,
    descorre las aldabas de tu ermita,
    deja escapar
    al nadador transido,
    desiste, no retengas
    sus frágiles cabriolas,
    ábrete con arrojo,
    como un balcón que emerge
    y ostenta sobre el aire sus geranios.
    Desenfunda,
    oh poza de penumbra, tu misterio.
    No detengas su viaje al navegante.
    No importa que su adiós
    te hiera como cierzo,
    como rayo de hielo que en la pelvis
    aloja sus astillas.
    Ábrete sexo,
    hazte cascada,
    olvida tu tristeza.
    Deja partir al niño
    que vive en tu entresueño.
    Abre gallardamente
    tus cálidas compuertas
    a este copo de mieles,
    a este animal que tiembla
    como un jirón de viento,
    a este fruto rugoso
    que va a hundirse en la luz con arrebato,
    a buscar como un ciervo con los ojos cerrados
    los pezones del aire, los dos senos del día.

    Ana Istarú estará en Cosmopoética 2010

  • Cosmopoética 2010 (V)

    EL MURO BLANCO

    Estoy sentado frente a un muro blanco:
    áspero muro, seco como grito
    de cristal, o quizás como la nieve
    de infancia en el silencio de los paramos.
    Un muro blanco, blanco como hueso
    calcinado, o quizás como cal viva
    que en las tumbas abraza carne blanca.
    Y, mirándolo, yo también soy blanco,
    pues blanco es el fuego o es la luz
    que va y viene en las venas venturosas.
    Mientras dure la luz no llegara
    lo negro hasta este muro limpio y blanco.
    Mientras dure mi luz todo lo blanco
    del mundo envolverá la sala, el aire,
    las horas de esta casa que es hoguera.
    Estoy sentado frente al muro blanco
    esperándolo todo y obteniendo
    todo de cuanto es nada en su blancura.
    El muro que es desierto de mi alma.
    El muro que es desierto de la luz.

    Antonio Colinas estará en Cosmopoética 2010

  • Cosmopoética 2010 (III)

    Una región del muro está hechizada.
    Sólo el ojo lo sabe.
    Un cristal incansable paso a paso repite
    las rectas sombras que la tarde desplaza.
    Terriblemente dócil, no desdeña
    la vertical sinuosa de una hormiga extraviada
    y al fondo de sus cámaras
    también crecen las plantas.
    A veces miro ese país extraño
    cuyos hombres no tienen más lenguaje que el gesto,
    ese país sin música.
    Sé que no puedo ser ese hombre que me mira,
    sé que a él no lo alcanzan el temor ni la idea.
    Cuando la noche apaga las letras y los ángulos,
    en su país de eclipses él no te ama.

    William Ospina

Raúl Quirós Molina
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