Haciendo la cena (El Sopar, en el Teatro del Barrio) parte 2

 

Circula por internet una carta que Peter Brook le manda a un tal Howe sobre qué debe hacer uno para convertirse en director de escena. Y le responde cosas como:

Uno se convierte en director de teatro llamándose a sí mismo director y después persuadiendo a los demás de que eso es cierto. Por lo tanto, en cierta forma, encontrar trabajo es un problema que hay que resolver con la misma habilidad y los mismo medios que los que uno necesita en un ensayo.
Yo no conozco otra manera si no es la de convencer a la gente de trabajar con uno y de ponerse a ello -incluso sin estar pagado- y presentar ese trabajo ante cualquier público, en un sótano, en la parte de atrás de un café, en el pabellón de un hospital, en una prisión.

Las citas de Peter Brook para la gente de teatro (o las de cualquier otro prócer del teatro, tanto me da) son como las citas de Paulo Coelho para la gente de a pie: si quieres ser feliz, haz como yo. Peter Brook, que ha viajado por el mundo a gastos pagados, que ha tenido los favores de una industria cultural tan poderosa como la británica, te sugiere, a ti, que vas a los Goya con un vestido que vale más de que lo que ganas en un año, que trabajes incluso sin estar pagado. Cuando un brasileño que tiene 500 millones en Suiza te dice que el dinero no es lo más importante, te invita a caer en la trampa del hombre que se hace a sí mismo: eres lo que haces por ti mismo, y si no lo consigues, es que no has hecho lo suficiente. Habéis vivido por encima de vuestras posibilidades. Y Brook es de los de izquierdas, imaginad lo que diría Mamet.

La condición que convierte algo en un trabajo  es el salario, luego el 90% de la gente que pululamos por teatros y cafés y pabellones de hospitales somos parias que hacemos lo que hacemos por pura masonería. ¿Por qué la gente se une a una obra, a un director, a otros actores que no llegan a final de mes? Hay, al menos en el teatro, la sensación de llegada del fin del mundo, de hartazgo de lo cotidiano: mejor caminar y reventar que detenerse y extinguirse. Nos unimos siempre a pesar de que hay mejores cosas que hacer, injusticias más fáciles de solventar, trabajos mejor pagados. Hacemos teatro por juego, por compromiso político, por desesperación, por ensueño.

 

Haciendo la cena (El Sopar, en el Teatro del Barrio). Parte I


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Montar una obra de teatro en España

Montar una obra de teatro profesional se asemeja a preparar un atraco a la sucursal de Bankia del barrio. Casi siempre es una mala idea: se planifica al vuelo, no tienes armas, ni el dinero para comprarlas; tus cómplices son tan ingenuos y leales como tú, y el resultado es siempre un desastre. En la actualidad además puedes efectivamente acabar en la cárcel.

Para montar una obra profesional sin un duro ni el empujoncito del concejal de turno, uno debe ir mendigando favores como el que mendiga unas monedas en el metro, solo que al contrario que el adicto real, la merca que se obtiene no te lleva más allá de las puertas del placer, sino a un rincón en el blog de algún caradura que quiere entradas gratis para el teatro.

Ya no entramos en el juego del teatro para remover los cimientos de la conciencia, ni traer al siglo de la posverdad el Verfremdungseffekt ni provocar las iras de los buenos ciudadanos cristianos, a lo Synge:  (¡cuántos sueños húmedos en los que algún requeté, más o menos espontáneo, irrumpe en la obra con alaridos de «¡Viva Cristo Rey!»). Aquí estamos para competir con el Rey León y cualquier obra que incluya a un actor de Siete Vidas. Es la diferencia entre el atraco navaja en mano contra la venta de preferentes a pensionistas. Escoge la liga.

Génesis de El Sopar

El sopar (o La cena, en su versión patriótica) se escribió cuando Sheldon Adelson quiso montar un megacasino en Madrid, y los políticos de Madrid aplaudieron la ocurrencia: sabe San Milton Friedmann que un país en crisis lo que más necesita no son puestos de trabajo, sino máquinas tragaperras que facturen en los Estados Unidos. Parece que un quítame allá esas tierras y esos impuestos hizo que el magnate abandonara el proyecto, y el casino Adelson pasó de largo por nuestra España querida como aquel convoy norteamericano en la escena final de Bienvenido Mr. Marshall. Quizá nunca sabremos las razones, pero siempre nos quedará la profundidad filosófica de aquel mafioso ruso de Lloret de Mar,  que acusaba la corrupción de nuestro país como una de las más nefastas incluso para el negocio criminal.

El proyecto del casino fracasó en esta materialización, pero las réplicas no se hicieron esperar, como en cualquier terremoto: Benidorm necesitaba un casino, y Madrid y Granada, y Murcia.

¿Por qué entonces montar una obra de teatro sobre casinos y políticos corruptos destinada al fracaso? Porque el teatro en nuestra España se ha convertido precisamente en eso: en un gran juego de ruleta fracasado al que acudimos con un capital tan minúsculo como nuestras esperanzas. Juego en el que además esperamos ganar y convertirnos en los empresarios que lo manejan y en el que a lo sumo conseguiremos recuperar el dinero para el autobús.

Cómo acabar con el lector (al final): Deux ex machina

Usted quiere escribir buenas historias y sigue fielmente los consejos de esta y muchas otras páginas web. Ya sean novelas, relatos u obras de teatro, su intención es llegar al lector, hacer que vibre y no sé cuántas majaderías más extraídas de algún manual de autoayuda a través de la escritura. Pues bien, no se deje mangonear. Usted no tiene que hacer vibrar a nadie ni venirse encima de ninguno. Usted lo que tiene que hacer es dejar en paz al lector y no amargarle la existencia.

Hoy quiero hablarle de los finales. El final es la parte en la que el momento de suspensión de la realidad termina y completa el viaje del lector. Es el instante en el que la persona que lee su libro vuelve a su cotidianeidad y tal vez vuelva más inteligente, reflexivo o, por qué no, entretenido. Usted puede destruir ese retorno a la realidad muy fácilmente. Debe saber cómo.

Hay diversos métodos para reventar un final, pero reseñaré  el más conocido, el llamado deux ex machina, que todo escritor finge conocer y evitar y como resultado andamos por estos mundos de Dios con finales terribles y escritores ufanos. Deux ex machina es un latinajo que viene a significar: me saco de la manga el final de esta historia porque no me he molestado en pensarla ni cinco minutos. Es fácil detectar un deux ex machina. Se trata de un elemento inverosímil que aparece de repente y resuelve el conflicto del protagonista dando cierre a la historia.

Voy a explicarle dos, uno reciente y otro clásico.

Caso 1 de Deux Ex Machina: Independence Day.

Los marcianos llegan a la Tierra. Se cargan a la mayoría de los líderes mundiales y defensas de los estados. Son alienígenas malos e hiperavanzados tecnológicamente, así que cualquier misil humano que quiera aniquilarlos es neutralizado en segundos. La Humanidad está perdida. No solo una raza de alienígenas ha viajado en el espacio-tiempo hasta llegar a un planeta que, digámoslo, a la vista del vasto universo no es ni fu ni fa en cuestión de recursos materiales, sino que además tienen la capacidad de borrarnos de la faz de nuestro propio planeta y no lo hacen, en plan sádico.

Pero un valiente informático les mete un virus en su sistema central y entonces podemos acabar con ellos. Ni que decir que los sistemas operativos, lenguajes de programación, codificación, conexión a redes y demás han de ser los mismos, sino que además este hacker habría de tener acceso a ese supersistema como para que el asunto no sonara a broma. La recaudación de Independence Day fue de 800 millones de dólares. Uno detrás de otro.

Caso 2 de Deux Ex Machina: Los dos hidalgos de Verona, de Shakespeare.

No solo los amigos yanquis son capaces de colarnos finales de poca monta, sino que el formidable, universalísimo y agente cultural Shakespeare se podía marcar unos finales de toma pan y moja. Los dos hidalgos de Verona (The Two Gentlmen of Verona) toma la historia de Valentine y Proteus, amigos de la infancia, que se separan al principio de la obra.

Proteus se queda en Verona porque le gusta Julia, pero al final su padre lo manda con su amigo a Milán. Cuando Proteus llega a Milán, se encuentra con que su amigo se ha enamorado de una muchacha, Silvia, y el muy buitre decide robársela a su amigo de la infancia.

El resto de la obra es un enredo de amores y desamores en las que hacia el final Proteus está a punto de violar a Silvia, pero su amigo Valentine aparece y exclama su horror, y Proteus se da cuenta en ese momento de lo mal que lo está haciendo y se arrepiente y todos contentos.  No es broma, la obra de teatro termina así: una gran violencia sexual contenida durante escenas y escenas que se resuelve con un apretón de manos entre hidalgos en la última página.

¿Cómo evitar un deux ex machina? Lo importante, lo fundamental es no considerar al lector un imbécil. Sí, puede que conozca a unos cuantos, pero ser un mal escritor es parecido a pertenecer a la mafia: te puedes librar durante un relato o dos, pero al final te cazan y te entierran en cemento. Algunos los aceptan, con Shakespeare, y componen obras maestras como El rey Lear, y otros fundan editoriales. La que esté más a su alcance será su solución. Pero también puede planificar su relato desde el final o revisarlo adecuadamente para evitar el bochorno que supone.

Finalista del Nadal 2018

El jurado del Nadal ha tenido a bien incluirme en su lista de finalistas para el premio de narrativa de 2018. Es un auténtico honor compartir lista con los mejores escritores en lengua castellana como Sánchez Ferlosio, Carmen Laforet y tantísimos otros. Os dejo con la nota de prensa.

La semana que viene continuamos con las clases en Fuentetaja y Pa’Tothom.

Un abrazo a todos y feliz año nuevo.

http://www.lavanguardia.com/local/barcelona/20180105/434078301022/el-74-premio-nadal-de-novela-se-falla-manana-entre-seis-finalistas.html

Hablar del procés a través de Antígona

Antígona vs. Catalunya vs. España

Solo el procés es tabú entre los alumnos que vienen a mis clases en Barcelona. Tanto da que sea una clase de escritura creativa o de teatro político: del procés nadie habla, nadie opina, todo el mundo se calla. Hablo de la gente normal, la gente que se apunta a un centro cívico a hacer teatro, del estudiante  de psicología que quiere aprender a escribir ficción, del jubilado que quiere pasar un buen rato. Y no son alumnos apocados: pueden  y quieren discutir afiladamente sobre racismo, homofobia, discriminación, la corrupción.

En Barcelona rara vez se habla del procés en público: se asemeja a un trauma de tales dimensiones que ni siquiera la palabra puede curar. Atrás quedan, te dicen en privado, discusiones entre hermanos, vecinos, amigos a quienes será difícil recuperar. ¿Por qué entonces perder el decoro frente a otros desconocidos? ¿Por qué empeñarse en defender un debate que siempre es reprobado, independientemente de las posturas de cada uno?

Sin embargo, no se podía enseñar teatro, ni política, ni a escribir de una manera honesta durante el último cuatrimestre de 2017 sin pensar ni hablar del procés. Esconder el elefante blanco de la política actual española y catalana hubiera sido cobarde. ¿Y cómo se puede hablar de la desazón de la política con los principales afectados, la gente normal?

Pues hete aquí que hallé la fórmula para hablar del procés sin el engorro de ponerme la camiseta de fútbol de uno u otro equipo. Les hice pensar y trabajar sobre Antígona, la obra de Sófocles.

Hablar de Antígona, hablar de Creonte

Antígona decide enterrar a su hermano, Polinices, tal y como manda la tradición. Polinices murió en la guerra contra su hermano Eteocles, que es considerado un héroe, puesto que defendió Tebas, y Polinices un traidor, ya que descontento con el reparto de poder, decidió arrasarla. Dos angelitos, vaya. Antígona es joven, bella y patriota, condujo a su padre ciego por el exilio, es hija de una familia desestructurada (su padre se casó con su abuela y la tuvo a ella) y tiene convicciones basadas en la tradición, la tierra, la religión.

Así que Antígona se pone manos a la obra. Ya al comienzo de la historia se le advierte que para enterrar al traidor, ha de saltarse la ley que lo prohíbe y que condena a muerte a aquel que lo lleve a cabo. Se dice, en la obra, que la ley es necesaria para garantizar la paz social, que no se honre a traidores y se castigue a los héroes, a saber, una especie de ley Mordaza que divide entre buenos y malos tebanos. Hasta aquí el símil más o menos calcado.

Me gano la confianza del partido amarillo: Antígona es la libertad guiando al pueblo y castigada por el partido azul en el poder. Sin embargo, Antígona está más cerca de un talibán que de una liberadora de pueblos. En el in media res en el que empieza no solo se salta una ley que la condena a muerte (en una estrategia suicida que, sin embargo, no produce cambio significativo entre los tebanos, que durante la obra les da todo igual) sino que además llama traidores y manda a freír espárragos a cuantos le advierten del peligro que corre.

ISMENE
Sí, sí algo lograrás… Pero no tiene salida, tu deseo.

ANTÍGONA
Puede, pero no cejaré en mi empeño, mientras tenga fuerzas.

ISMENE
De entrada, ya, no hay que ir a la caza de imposibles.

ANTÍGONA
Si continúas hablando en ese tono, tendrás mi odio y el odio también del muerto, con justicia. Venga, déjanos a mi y a mi funesta resolución, que corramos este riesgo, convenida como estoy de que ninguno puede ser tan grave como morir de modo innoble.

ISMENE
Ve, pues, si es lo que crees; quiero decirte que, con ir demuestras que estás sin juicio, pero también que amiga eres, sin reproche, para tus amigos.

Antígona no ve conflicto alguno en dar entierro a su hermano muerto, si para ello ha de perder la vida y la honra y dejar aún más huérfana su hermana Ismene. Antígona elige la muerte por encima de la vida por defender la tradición, a su hermano muerto por encima de su hermana viva. Una pulsión de muerte, clásica de los integristas, empuja a Antígona a cumplir a rajatabla con el precepto religioso, aunque ello le lleve a la extinción propia.

Pasemos a Creonte, el otro elemento de la obra. Creonte se encuentra con un marrón considerable: reconstruir un país dividido por la guerra civil. El buen hombre no tiene muchas luces, y tampoco viene de una tradición estadista muy notable que digamos. Su cuñado, Edipo, provocó una peste en la ciudad que regentaba; sus sobrinos políticos se mataron unos a otro en una guerra civil, y ahora una de sus sobrinas políticas y su propio hijo le salen sediciosos. Ya apunta maneras, desde luego, cuando va y aprueba la primera ley de su gobierno, a saber, que en Tebas hay héroes y traidores, buenos tebanos y malos tebanos, que los buenos son aquellos que han ganado y los malos los que han perdido; los primeros héroes, los segundos traidores; los primeros, honores; los segundos, a las cunetas, etc.

Creonte no se anda con chiquitas porque en aquellos momentos no existían nada así como comisiones de la verdad, ni tribunales de la Haya para dirimir estos entuertos tan complicados, así que impone una ley tan sólida como sus santos cojones en la que ciudadanos de bien serán aquellos que él decida y ciudadanos malignos los demás.

Resultado: empate a muertos y a mártires

Así que tenemos aquí a Antígona, que no se baja de la burra de enterrar a su hermano saltándose la ley de un estado policial, con sus soldados y sus cachiporras y un integrismo fanático, y a un gobernante inepto que va concediendo títulos de buen y mal tebano bajo la amenaza de muerte, nada menos.

En este punto de la historia, normalmente ya me he ganado los odios de ambos equipos, pero es que este es el punto donde quiero llegar. Antígona no es una obra que trate de la batalla entre la ley y la tradición, entre Estado y nación, entre poder legítimo y poder legitimado, sino en todos aquellos personajes que caen en el fuego cruzado de esta batalla: la tensión entre la jovencita y el gobernante es el drama, el fracaso como nación y como estados es la tragedia. Aunque Ismene, Hemón, Eurídice, Tiresias, el Coro van advirtiendo a uno y a otro alternativamente del riesgo que portan las grandes ideas como la Nación, la Tradición, la Ley, o sencillamente, España, Cataluña, ninguno de los dos verdaderamente muestra una disposición a bajar sus armas aunque eso cueste la muerte, la prisión, el deshonor, acabar con tu hijo y con tu sobrino.

Tras muchas discusiones, Antígona es condenada a muerte por inanición pero termina suicidándose, sin conseguir que su hermano sea enterrado. Hemón, hijo de Creonte, su prometido, se suicida junto a ella. La madre de Hemón también se mata, Ismene pierde a la única hermana que le quedaba, Tiresias es sospechoso de apoyar a traidores. La paz en Tebas ha costado tres vidas, Polinices ha quedado sin enterrar, el nombre de Creonte quedará por siempre marcado como la figura de la ineptitud política en esta tragedia del siglo V a. C.

Ojalá procesos tan nefastos pudieran explicarse con obras de Miguel Mihura.

TIRESlAS
Bien está, pero sepas tú, a tu vez, que no vas a dar muchas vueltas, émulo del sol, sin que, de tus propias entrañas, des un muerto, en compensación por los muertos que tú has enviado allí abajo, desde aquí arriba, y por la vida que indecorosamente has encerrado en una tumba, mientras tienes aquí a un muerto que es de los dioses subterráneos, y al que privas de su derecho, de ofrendas y de piadosos ritos. Nada de esto es de tu incumbencia, ni de la de los celestes dioses; esto es violencia que tú les haces. Por ello, destructoras, vengativas, te acechan ya las divinas, mortíferas Erinis, para cogerte en tus propios crímenes. Y ve reflexionando, a ver si hablo por dinero, que, dentro no de mucho tiempo, se oirán en tu casa gemidos de hombres y de mujeres, y se agitarán de enemistad las ciudades todas los despojos de cuyos caudillos hayan llegado a ellas —impuro hedor— llevadas por perros o por fieras o por alguna alada ave que los hubiera devorado. Porque me has azuzado, he aquí los dardos que te mando, arquero, seguros contra tu corazón; no podrás, no, eludir el ardiente dolor que han de causarte.

Leer Antígona en la red.

Próximos cursos en Barcelona:

Taller de Teatro en Fort Pienc. (Viernes a las 20.00)
Teatro de Intervención Social en Pa’Tothom (Martes a las 19.00)
Escritura Creativa (Fuentetaja Literaria – miércoles y viernes)