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Raúl Quirós Molina

Escritor.

Finalista del Nadal 2018

El jurado del Nadal ha tenido a bien incluirme en su lista de finalistas para el premio de narrativa de 2018. Es un auténtico honor compartir lista con los mejores escritores en lengua castellana como Sánchez Ferlosio, Carmen Laforet y tantísimos otros. Os dejo con la nota de prensa.

La semana que viene continuamos con las clases en Fuentetaja y Pa’Tothom.

Un abrazo a todos y feliz año nuevo.

http://www.lavanguardia.com/local/barcelona/20180105/434078301022/el-74-premio-nadal-de-novela-se-falla-manana-entre-seis-finalistas.html

Hablar del procés a través de Antígona

Antígona vs. Catalunya vs. España

Solo el procés es tabú entre los alumnos que vienen a mis clases en Barcelona. Tanto da que sea una clase de escritura creativa o de teatro político: del procés nadie habla, nadie opina, todo el mundo se calla. Hablo de la gente normal, la gente que se apunta a un centro cívico a hacer teatro, del estudiante  de psicología que quiere aprender a escribir ficción, del jubilado que quiere pasar un buen rato. Y no son alumnos apocados: pueden  y quieren discutir afiladamente sobre racismo, homofobia, discriminación, la corrupción.

En Barcelona rara vez se habla del procés en público: se asemeja a un trauma de tales dimensiones que ni siquiera la palabra puede curar. Atrás quedan, te dicen en privado, discusiones entre hermanos, vecinos, amigos a quienes será difícil recuperar. ¿Por qué entonces perder el decoro frente a otros desconocidos? ¿Por qué empeñarse en defender un debate que siempre es reprobado, independientemente de las posturas de cada uno?

Sin embargo, no se podía enseñar teatro, ni política, ni a escribir de una manera honesta durante el último cuatrimestre de 2017 sin pensar ni hablar del procés. Esconder el elefante blanco de la política actual española y catalana hubiera sido cobarde. ¿Y cómo se puede hablar de la desazón de la política con los principales afectados, la gente normal?

Pues hete aquí que hallé la fórmula para hablar del procés sin el engorro de ponerme la camiseta de fútbol de uno u otro equipo. Les hice pensar y trabajar sobre Antígona, la obra de Sófocles.

Hablar de Antígona, hablar de Creonte

Antígona decide enterrar a su hermano, Polinices, tal y como manda la tradición. Polinices murió en la guerra contra su hermano Eteocles, que es considerado un héroe, puesto que defendió Tebas, y Polinices un traidor, ya que descontento con el reparto de poder, decidió arrasarla. Dos angelitos, vaya. Antígona es joven, bella y patriota, condujo a su padre ciego por el exilio, es hija de una familia desestructurada (su padre se casó con su abuela y la tuvo a ella) y tiene convicciones basadas en la tradición, la tierra, la religión.

Así que Antígona se pone manos a la obra. Ya al comienzo de la historia se le advierte que para enterrar al traidor, ha de saltarse la ley que lo prohíbe y que condena a muerte a aquel que lo lleve a cabo. Se dice, en la obra, que la ley es necesaria para garantizar la paz social, que no se honre a traidores y se castigue a los héroes, a saber, una especie de ley Mordaza que divide entre buenos y malos tebanos. Hasta aquí el símil más o menos calcado.

Me gano la confianza del partido amarillo: Antígona es la libertad guiando al pueblo y castigada por el partido azul en el poder. Sin embargo, Antígona está más cerca de un talibán que de una liberadora de pueblos. En el in media res en el que empieza no solo se salta una ley que la condena a muerte (en una estrategia suicida que, sin embargo, no produce cambio significativo entre los tebanos, que durante la obra les da todo igual) sino que además llama traidores y manda a freír espárragos a cuantos le advierten del peligro que corre.

ISMENE
Sí, sí algo lograrás… Pero no tiene salida, tu deseo.

ANTÍGONA
Puede, pero no cejaré en mi empeño, mientras tenga fuerzas.

ISMENE
De entrada, ya, no hay que ir a la caza de imposibles.

ANTÍGONA
Si continúas hablando en ese tono, tendrás mi odio y el odio también del muerto, con justicia. Venga, déjanos a mi y a mi funesta resolución, que corramos este riesgo, convenida como estoy de que ninguno puede ser tan grave como morir de modo innoble.

ISMENE
Ve, pues, si es lo que crees; quiero decirte que, con ir demuestras que estás sin juicio, pero también que amiga eres, sin reproche, para tus amigos.

Antígona no ve conflicto alguno en dar entierro a su hermano muerto, si para ello ha de perder la vida y la honra y dejar aún más huérfana su hermana Ismene. Antígona elige la muerte por encima de la vida por defender la tradición, a su hermano muerto por encima de su hermana viva. Una pulsión de muerte, clásica de los integristas, empuja a Antígona a cumplir a rajatabla con el precepto religioso, aunque ello le lleve a la extinción propia.

Pasemos a Creonte, el otro elemento de la obra. Creonte se encuentra con un marrón considerable: reconstruir un país dividido por la guerra civil. El buen hombre no tiene muchas luces, y tampoco viene de una tradición estadista muy notable que digamos. Su cuñado, Edipo, provocó una peste en la ciudad que regentaba; sus sobrinos políticos se mataron unos a otro en una guerra civil, y ahora una de sus sobrinas políticas y su propio hijo le salen sediciosos. Ya apunta maneras, desde luego, cuando va y aprueba la primera ley de su gobierno, a saber, que en Tebas hay héroes y traidores, buenos tebanos y malos tebanos, que los buenos son aquellos que han ganado y los malos los que han perdido; los primeros héroes, los segundos traidores; los primeros, honores; los segundos, a las cunetas, etc.

Creonte no se anda con chiquitas porque en aquellos momentos no existían nada así como comisiones de la verdad, ni tribunales de la Haya para dirimir estos entuertos tan complicados, así que impone una ley tan sólida como sus santos cojones en la que ciudadanos de bien serán aquellos que él decida y ciudadanos malignos los demás.

Resultado: empate a muertos y a mártires

Así que tenemos aquí a Antígona, que no se baja de la burra de enterrar a su hermano saltándose la ley de un estado policial, con sus soldados y sus cachiporras y un integrismo fanático, y a un gobernante inepto que va concediendo títulos de buen y mal tebano bajo la amenaza de muerte, nada menos.

En este punto de la historia, normalmente ya me he ganado los odios de ambos equipos, pero es que este es el punto donde quiero llegar. Antígona no es una obra que trate de la batalla entre la ley y la tradición, entre Estado y nación, entre poder legítimo y poder legitimado, sino en todos aquellos personajes que caen en el fuego cruzado de esta batalla: la tensión entre la jovencita y el gobernante es el drama, el fracaso como nación y como estados es la tragedia. Aunque Ismene, Hemón, Eurídice, Tiresias, el Coro van advirtiendo a uno y a otro alternativamente del riesgo que portan las grandes ideas como la Nación, la Tradición, la Ley, o sencillamente, España, Cataluña, ninguno de los dos verdaderamente muestra una disposición a bajar sus armas aunque eso cueste la muerte, la prisión, el deshonor, acabar con tu hijo y con tu sobrino.

Tras muchas discusiones, Antígona es condenada a muerte por inanición pero termina suicidándose, sin conseguir que su hermano sea enterrado. Hemón, hijo de Creonte, su prometido, se suicida junto a ella. La madre de Hemón también se mata, Ismene pierde a la única hermana que le quedaba, Tiresias es sospechoso de apoyar a traidores. La paz en Tebas ha costado tres vidas, Polinices ha quedado sin enterrar, el nombre de Creonte quedará por siempre marcado como la figura de la ineptitud política en esta tragedia del siglo V a. C.

Ojalá procesos tan nefastos pudieran explicarse con obras de Miguel Mihura.

TIRESlAS
Bien está, pero sepas tú, a tu vez, que no vas a dar muchas vueltas, émulo del sol, sin que, de tus propias entrañas, des un muerto, en compensación por los muertos que tú has enviado allí abajo, desde aquí arriba, y por la vida que indecorosamente has encerrado en una tumba, mientras tienes aquí a un muerto que es de los dioses subterráneos, y al que privas de su derecho, de ofrendas y de piadosos ritos. Nada de esto es de tu incumbencia, ni de la de los celestes dioses; esto es violencia que tú les haces. Por ello, destructoras, vengativas, te acechan ya las divinas, mortíferas Erinis, para cogerte en tus propios crímenes. Y ve reflexionando, a ver si hablo por dinero, que, dentro no de mucho tiempo, se oirán en tu casa gemidos de hombres y de mujeres, y se agitarán de enemistad las ciudades todas los despojos de cuyos caudillos hayan llegado a ellas —impuro hedor— llevadas por perros o por fieras o por alguna alada ave que los hubiera devorado. Porque me has azuzado, he aquí los dardos que te mando, arquero, seguros contra tu corazón; no podrás, no, eludir el ardiente dolor que han de causarte.

Leer Antígona en la red.

Próximos cursos en Barcelona:

Taller de Teatro en Fort Pienc. (Viernes a las 20.00)
Teatro de Intervención Social en Pa’Tothom (Martes a las 19.00)
Escritura Creativa (Fuentetaja Literaria – miércoles y viernes)

En España no tenemos Harvey Weinstein

En España no tenemos Harvey Weinstein porque aún no ha sido nombrado, y aquellos que no tienen un nombre son cualquiera, o lo que es lo mismo, nadie. En España no existen hombres poderosos en el mundo del teatro, el cine y la televisión que vayan a ser procesados judicialmente por acoso, intimidación o violación, que pierdan sus premios Goya o sus premios Max, que no vuelvan a conseguir un solo trabajo o, incluso, que acaben en la cárcel porque todavía se espera que sean las víctimas las que sacrifiquen  su carrera, su reputación, su trabajo y su patrimonio, es decir, su forma de vida para ponerle el adjetivo a esas caras famosas, y hacer justicia.

En España nos sorprenden los casos de Weinstein, Kevin Spacey, Dustin Hoffman, o Louis CK. No porque hubiera tantísima gente padeciendo los abusos sexuales, acosos y humillaciones por parte de gente poderosa de la industria. Ni tampoco por el número de personas que encubrieron a los violadores durante décadas. Lo impresionante es que las víctimas hayan podido alzar la voz porque el riesgo que corrían era mucho mayor que el de perder el trabajo y nunca conseguir otro: era el de ser extinguidas, el de ser tratados como idiotas, exageradas, aprovechadas por sus propios compañeros de profesión, por sus jefes, por otros directores, otros productores; podrían haber perdido su vida en este movimiento, ahogadas en un mar de juicios, demandas y contrademandas, podrían ser nada, nunca, nadie.

En España no tenemos Harvey Weinstein, en definitiva, porque ningún periodista que conozca estas prácticas ha puesto negro sobre blanco nombres y apellidos de violadores. Porque ningún compañero de rodaje ha acudido a la policía a denunciar por abuso a ese director tan condecorado que le podría llevar a Hollywood. Y porque es muy tranquilizador estar en manis contra del acoso, indignarse con el que ya ha sido descubierto, denunciado y condenado, apoyar a la compañera que levantó la voz. Porque en realidad no compromete a nadie, porque el acto heroico ya está hecho por otro, porque la persona que ha denunciado, ya ha quemado sus naves y nunca más volverá a trabajar ni en el más triste de los anuncios del teletienda.

Porque se sigue entendiendo el problema del acoso en las artes, en el trabajo, en la calle como un coincidencia individual y no una consecuencia sistémica. Sigue pensándose como una lotería que por desgracia le cae a una; de una lógica tan mágica como el éxito: estabas en el lugar adecuado, en el momento adecuado; estabas en el peor momento con la peor persona.  Todavía se perpetúa la creencia de que el azar o la mala estrella es un desencadenante válido para la peor de las condenas. Si te meten mano en un hotel, si te tocan el culo durante un rodaje, si te babean durante una fiesta es mala pata, como cuando se te gripa el motor o te revienta una rueda en la autopista o, peor, culpa tuya por estar ahí, por no comprender que el mundo del arte es así, que los hombres son hombres. Etcétera.

Mientras tanto, ese actor tan de izquierdas y tan querido por twitter que habla de derechos sociales y de feminismo seguirá metiendo hocico a sus asistentes en las fiestas de estreno; la joven promesa del cine español, que hace un cine tan vanguardista y europeo prometerá papeles a actrices novatas con el objetivo de dormir con ellas; la estrella fulgurante de la comedia le preguntará a su agente de prensa si se la chupa a su novio. Y actor, director, comediante harán sus vidas normalmente, se reunirán con sus agentes y productores, firmarán contratos, se reirán con otros compañeros. Despreocupados y ufanos porque sus nombres no han salido de la boca de nadie, no se han impreso en un papel, no han sido señalados en una manifestación, y si lo han hecho, da igual, porque no está en el sumario de un juicio y, a lo sumo, ha desencadenado una “tormenta en las redes sociales” que es la forma blandita de regañar al niño travieso. Mientras que la agente, la asistente, la actriz novata deben preguntarse si merece la pena jugarse la carrera por denunciar la injusticia o seguir soportando el acoso, la intimidación, la violación por estos Harvey Weinstein.

El resto esperamos a que lo haga.

Y esperamos, y esperamos.

Aunque, tal vez, solo por esta ocasión, no queramos esperar ni un minuto más a que las supervivientes encuentren el valor que el resto deberíamos tener y mostrarles.

Entonces sabremos quién es el primer Harvey Weinstein español, y el resto, caerá por el peso de la indignación.

Manifiesto de La Liga de Mujeres Profesionales del Teatro.

De la música y el fútbol a la Patria, la Familia y el Amor: tópicos románticos. Parte II

Pues eso: el futbolista y la cantante han llegado al vértice de sus carreras y desde ahí, todo da mucho miedo. Para un jugador, cumplir los 30 años es entrar en la prejubilación y los años en los que hay que comenzar a negociar con chinos, rusos o turcos para que la pensión pague la uni y el jaguar de los niños. En una cantante no es tan problemático eso de la edad, pero si no sabes crecer con tus fans, estos se pierden por el camino. ¿Quién va a los conciertos de los Rolling Stones? No, no son los mismos que aplauden a Arianna Grande, lo aseguro.

Así que el futbolista y la cantante se hallan instalados como representantes de la Patria y la Familia, que son sustantivos que dan miedito una vez que se les pone en mayúsculas, y necesitan crear nuevos relatos para que los calés sigan entrando en sus cuentas de maneras no sospechosas, como por ejemplo, vendiendo natillas o cremas para el pelo.

Así que el futbolista y la cantante, con la colaboración inestimable de sus agentes de márketing y story tellers se ponen al tajo y llegan a la conclusión que lo mejor para vender es contar una historia, y nada más funciona como agente catalizador de calidad para la imaginación que El Amor(tm). Por causa del Amor, la Familia se puede ir a freír espárragos y Amor es lo que funda la Patria: así que futbolista y cantante dijeron

¿Por qué no hacer como si nuestro Amor se tambaleara?

Y no era mala idea: si los pilares de todos los estados modernos fallan, el orden social y emocional del mismo fallece. (Son los pilares que hemos ido chupando desde pequeñitos, tanto tanto, que nos gestionamos por la vida como si fuéramos nosotros mismos estados unipersonales con nuestros “límites”, “leyes” y “capital personal”)

Así que los agentes de prensa empezaron a deslizar que el Amor de la pareja de moda se acababa. Y se acababa no de cualquier modo, sino por las interferencias de antiguos novios, nuevas novias, engaños y demás. ¿Cómo era posible? ¡Qué angustia les agarró a los seguidores de la cantante, que lo pierde todo, fama, familia y amante guapo! ¿Será el futbolista capaz de retirarse tranquilamente y adquirir terreno para conquistar en el futuro algún puesto directivo en el club donde ahora juega? Si no son capaces de cuidar el Amor… ¿Cómo serán capaces de cuidar de su Patria, de su Familia?

Pero hay silencios, faltas de respuestas. La pareja deja de verse en público lo cual es una estrategia para generar más suspense… ¿Por qué no se ven? Se preguntan, lánguidamente, fans y haters por igual. Hasta que ella saca un nuevo single.

Debe indicarse que las ventas de discos de la cantante habían ido en descenso (picado) con los cambios de estilo que había acometido a lo largo de los años. La púber hipersexualizada daba resultados califragilísticos en términos de ventas, pero su metamorfosis a madre de dos hijos que canta canciones hipersexualizantes no había funcionado: tan solo un millón de singles, y a duras penas. Las nuevas cantantes son más jóvenes, enseñan más carne y no se les conoce maromo en activo, así que le comen el terreno.

Así que la cantante saca un nuevo single en el que explica los pormenores de la supuesta infidelidad/infelicidad en su matrimonio. Con tanto suspense, ¿cómo no adquirirlo? El disco es un superventas: la cantante explica qué ha pasado en su matrimonio feliz a través de lo que mejor sabe hacer: cantar. Al mismo tiempo, la pareja va planeando diversos encuentros que ejecuten la reconciliación. Recordemos, el futbolista quiere ser directivo de su equipo, pero como es de boca procaz, y suelta perlitas que cabrean a medio país, necesita establecer una imagen de tipo responsable y resuelto que puede hacerse con las riendas del club cuando las cosas vayan mal.

Así que aparecen, después de la historia y niegan con la cabeza, en un reportaje largo y ancho en el que explican que nunca ha pasado nada de lo que efectivamente había pasado, que nunca su matrimonio estuvo en peligro y que en realidad hablan de todas las cosas. El viaje de ambos héroes ha terminado, y ha dejado por el camino un single de los más vendidos, una imagen de candidato resuelto y el fortalecimiento del relato de personas serias y de negocios de ambos. La literatura romántica los salvó.

Y la historia acaba aquí. O no. Porque cuando todo parecía atado y bien atado, unos hackers maliciosos revelan que la cantante estaba evadiendo impuestos como si eso de cumplir con el fisco no fuera con ella. Pero eso es otra historia y la contaremos en otro lugar.

De la música y el fútbol a la Patria, la Familia y el Amor: tópicos románticos. Parte I

Esta es la historia de una pareja de famosos a los que la literatura romántica, la escritura creativa y la publicidad conviertieron en adalides de la Patria, la Familia y el Amor; y de paso, evitaron que sus cachés perdieran demasiados ceros. Es una historia que posiblemente conozca, con protagonistas de los que haya oído hablar (un futbolista y una cantante) y cuyo desenlace también esté presente en su memoria. He de advertir, a pesar de todo, que es pura ficción: una ficción de la que me sirvo para entender como los grandes géneros literarios, como el romance, no han muerto sino que están presentes y muy vivos.

Los dos protagonistas de nuestra historia son jóvenes e independientes. Él, futbolista, es el jugador díscolo que lo hace bien en el campo y da guerra entre micrófonos: tiene presencia, labia y sabe crear titulares. Además tiene sus momentos con la prensa rosa; las adolescentes forran sus carpetas con su foto y posee una sonrisa que dan ganas de comérselo a besos. Ella es una cantante que irrumpió en España con una música guerrera y muy bailable, demasiado rockera para ser latina, demasiado latina para ser gafapasta, así que fue para todo el mundo. Lo que se dice un éxito.

Los tipos de literatura romántica

Como ya saben, la literatura romántica se mueve, mayormente, en dos vectores: la pareja que se encuentra y se enamora, a pesar de ser muy independientes o tener grandes dificultades (romance Romeoyjulieta) logran consumar su amor y comer perdices; y la pareja que lleva muchos años juntos y que con la irrupción de una tercera persona, crisis existencial, niños, etcétera pone en dificultades su relación (romance Atracciónfatal). Es importante remarcar que ninguno de nuestro dos protagonistas estaba casado antes de iniciar la relación: es decir, si lo estaban, no importa mucho. Y es por ello que los nombres de las anteriores parejas (empresarios, modelos, otras deportistas) deben quedar borrados de cualquier mención en la…

Primera fase del romance

Donde el futbolista conoce a la cantante, la cantante se lo piensa pero se lían y finalmente se casan. Es decir Romeoyjulieta pero sin que nadie muera. Ojo al dato, porque un movimiento de estos en las relaciones públicas es peligroso: sitúa a los dos personajes en cuestión en otra área semántica y si no se controla el flujo del relato puede acabar con su carrera. El futbolista deja de ser un solterón que se pule el salario en discotecas y vacaciones en ultramar con modelos embobadas, y ella se aleja del antimodelo de mujer rebelde a la que han roto el corazón pero sigue adelante. Un antimodelo con el que había conquistado a España entera, ese país tan progre de puertas para fuera y católico de puertas para dentro.

A la cosa hay que añadirle algunos aspectos semióticos, para que el significado gane profundidad y el desplazamiento no resulte un fracaso. Para que usted me entienda: piense por un momento en una actriz jamona que haya caído en desgracia y ahora se pasee por la prensa rosa para ser despellejada: ¿en qué momento dejó de estar jamona? ¿En qué momento dejó de ser el sueño húmedo de españoles para ser eso? ¿Cómo se produjo ese movimiento de lo hot a lo horripilante?

Por ello es importante saber que la historia se puede contar de muchas maneras. Por ejemplo, que acudieron a una fiesta, los presentaron, quedaron, se bebieron unas copas, siguieron saliendo, se liaron. Pero eso es lo que nos ocurre a la mayoría de los mortales y la literatura romántica es siempre sueño y ficción de héroes en la que nos queremos ver reflejados, aunque sea solo en el brillo de la sonrisa de uno de ellos. Pero para evitar semejante disparate se conocieron en un Mundial. Ella era la compositora y bailaora de la canción oficial de la competición y él… Él ganó el Mundial. No él solo, claro, pero formaba parte de aquel equipo que, por primera vez en la historia, se alzaba con la Copa del Mundo. Y no cualquier campeonato sino el único Mundial que había ganado ese equipo nacional y que puso en sintonía a todo un país en medio de una crisis que mandó a todos al paro, al extranjero o a la mierda. Supuso, para muchos compatriotas, la posibilidad épica de hacer lo imposible y lo imposible es que acabes enamorándote de la cantante a la que todo el mundo desea.

Segunda fase del romance

Nadie se pregunta nunca si una supermodelo se calzaría a un tipo normal, a alguien que sea contable o auxiliar administrativo o calvo y feo. Es decir: seguro que ocurre, pero en la prensa rosa de nuestros días nunca aparece un titular como: Emily Ratajowksi sale con un repartidor de Deliveroo. Si un presentador de televisión, un actor o un futbolista se lía con una chica normal-tirando-a-guapa, todo bien, todo correcto, siempre y cuando ella sea a) más joven o b) hija de un príncipe magnate.

Y tiene una lógica dentro de la circulación patriarcal de imágenes. El capital social de la supermodelo es su belleza (exclusiva). Si cualquiera pudiera acceder a ella (por ejemplo, un contable de Puigcerdá) perdería su valor y por lo tanto pasaría de ser supermodelo a ser una normal-tirando-a-guapa que sale con alguien normal. Es decir, pasa de princesa a campesina por arte de birlibirloque. El capital social del presentador y del actor hombres pertenecen a otro orden, así que puede hacer más o menos lo que quiera con su vida amorosa. Incluso no tenerla.

En la segunda parte del romance, el futbolista y la cantante siguen cargando de símbolos su relación: él es el canalla que asienta la cabeza después de una gesta épica (la Copa del Mundo) y a quien el encuentro con LA mujer de su vida le ha cambiado la ídem; la cantante díscola finalmente halla lo que, ay, estaba en el fondo de sus canciones y que no es más que lo que quieren las mujeres en esta realidad posrromántica, que es abandonar su violencia contra los símbolos patriarcales para siempre si las enamoran.

Cuando se casan, cuando el cuento romántico (el Romeoyjulieta) se ha consumado, se completa la triada Patria, Familia y Amor. El futbolista (que ganó en nuestra metáfora blandita de la guerra) se convierte en Padre; la cantante a la que rechinaban los dientes y los huesos de la cadera por culpa de los hombres se convierte en Madre; y ambos quedan unidos en un Familia en el momento en que tienen dos hijos, frutos de ese Amor.

Incluso los republicanos que no acudieron a la boda del Príncipe y Letizia comprábamos este romance. Pero ningún amor es eterno…

Tercera fase del romance

Lo malo de ser famoso, independiente y gamberro a vestirte de traje y pasar por el juzgado es que hay una gran masa de fans para quienes te has convertido en lo mismo que ellos, con lo cual dejas de ser interesante; y otra gran masa de fans para quienes el matrimonio, la Patria y la Familia queda demasiado lejos o les es demasiado costoso. Para estos siempre queda el Amor

(continuará)