Autor: Raúl Quirós Molina

  • La forja de un plumífero – Las ínsulas extrañas

    Qué es, por qué lo es y cómo sucede la forja de un escritor son preguntas que nunca se realiza él mismo; así como el fontanero no se pregunta qué es lo que le hace fontanero ni el pintor qué le convierte en tal: el que trabaja con tuberías, aquel que trabaja con los colores, aquel que posee la techné o la artesanía en su oficio y así es reconocido, es el artesano, el escritor.

    Ve chungo, lo del paro, Alejandro Sanz.

    Las ínsulas extrañas es una de las más polémicas antologías de poesía que se han publicado en España a la vez que una de las más certeras. La notoriedad del volumen se disparó ante las ausencias (Ángel González, Alejandra Pizarnik, Benedetti, la claudicación voluntaria de Carlos Sahagún y añado a Manuel Álvarez Ortega) pero en ningún caso ante las presencias. A estas alturas no considero que José Ángel Valente, precursor de la antología, ni ninguno de los escritores que la editaron tuvieran en mente publicar una obra que tomara la medida a los cincuenta últimos años del siglo en poesía en lengua española.

    Este es el mayor acierto de la antología: no parece otorgar una concesión a poéticas afines por razones de endogamia, y libra con bastante prudencia una batalla contra las antologías de poetas en favor de una antología de poesías. Hay un justo pago a poetas latinoamericanos, desconocidos hasta entonces en España (Idea Vilariño, por ejemplo) e ignorados en su propio «circuito» (Aníbal Núñez, de quien muy irónicamente se elige «Aviso a Gustavo Adolfo Bécquer»).
    El siguiente poema de Costafreda está incluído en el libro.

    Este libro no existe.
    Páginas que habitaran
    absurdas el vacío. Recuerdo
    –la asociación no es evidente–
    el ave enloquecida
    volando, revolando sobre el mar
    sin poder o sin saber posarse,
    giraba en el vacío,
    volaba dentro de sí misma
    ¿Son vida las palabras o van contra la vida?»

    Alfonso Costafreda

  • Quid dedicatum poscit Apollinem vates?

    […] Así, como un tiovivo que ya se mueve solo por la inercia, se deslizará tu vida hasta la vejez, donde irás haciendo recuento de todo el tiempo que empleaste en lograr ser algo en la vida, las numerosas puertas a las que te dijeron que llamaras y llamaste. Y cuando te abrían te dabas cuenta de lo tarde que llegabas, que te habían enviado a la misma puerta que ellos habían abierto hace mucho tiempo y a la que ya sólo respondían por educación. Te percatarás de lo ingenuo que eras, de que eras el tonto en el juego de la cerilla y cada nueva oportunidad que creíste tener no fue sino una palmada en la espalda, un cumplido a destiempo. Admirarás tu independencia, con ciertas reservas y con la sospecha de que la podías haber vendido un poco más barata, pero te enorgullecerás de no haber alabado innecesariamente a ningún alto funcionario para conseguir ese puestecito desde el que impartir lecciones a los que lo intentaban.

    Naturaleza muerta

    Amargado, sí, pero desmenuzando trazos de un orgullo perdido a los que te agarrarás para no volverte insufrible contigo mismo y con quien te acompañe hasta entonces, lamentando la confusión en la que caías cuando se presentaban una oportunidad verdadera y la rechazabas por mantener tu integridad (¿tuviste alguna vez tal integridad? ¿Nunca inflaste las facturas? ¿Nunca escatimaste un céntimo a tus trabajadores?) transitarás por esa vida anodina que aborrecías cuando eras joven, el lugar reservado a los que perdían, a los mediocres, a los tontos de la cerilla. Te pondrás ciertas condiciones y explicarás que la vida depende del cristal con el que se mire, sí, utilizarás frases tan rígidas que se ajustaban a ti como un traje almidonado y que te salvarán de las incómodas preguntas acerca de tu talento o de tu buen hacer perdidos. Escribirás un diario donde te fustigarás con los errores y donde omitirás los aciertos. O, si te has vuelto muy vanidoso, convertirás los pequeños triunfos en hipérboles y olvidarás de qué estaban hechos tus fracasos. Te quedará la esperanza del idilio de lo póstumo. Leerás necrológicas. Muy posiblemente ya estarás muerto. Y nunca lo aceptarás.

    Blasco Fernández, Diario.

  • Eielson

    Albergo del sole I
    dime
    ¿tú no temes a la muerte
    cuando te lavas los dientes
    cuando sonríes
    es posible que no llores
    cuando respiras
    no te duele el corazón
    cuando amanece?
    ¿en dónde está tu cuerpo
    cuando comes
    hacia dónde vuela todo
    cuando duermes
    dejando en una silla
    tan sólo una camisa
    un pantalón encendido
    y un callejón de ceniza
    de la cocina a la nada?
    Jorge Eduardo Eielson

  • Fragmentos presocráticos falsos

    (1) Así los mortales confundidos tal que se entierran para ver la luz y cavan los cimientos de la suya morada en el aire.

    (2) Pues los hombres no son nunca ellos solos, siempre están moviendose y haciéndose como el valle que nace y muere según el pago del tiempo. Pero hay quien cree ser hombre y creyéndose quieto ve como el ciego, oye como el sordo y habla como un loco.

    (3) …se asemejan [los mortales] a niños solo que con el semblante serio, por eso sus juegos nunca acaban en risa sino en pena.

    (4) Los que perdieron los dioses, echando [a ellos] en falta, se pusieron a sí mismos [como dioses] dejandose así abandonados [a ellos mismos, como] en medio del océano.

    (5) [La mujer] es siempre madre y una, verdad sobre sí misma, pues pare con dolor el dolor.

    (6) … pues así la verdad, como hijo es el padre y padre el hijo, la tragedia es conocer la tragedia.

    (7) El que no tiene necesidad de la felicidad es el verdaderamente feliz.

    (8) … persiguen las palabras como perros las liebres, solo que la liebre es invisible […] y corre siempre detrás del perro.

    Die Fragmente der Vorsokratiker, Franz Dürrendorf

  • Alan Sillitoe

    Stars, seen through midnight windows
    Of earth-grained eyes
    Are fullstops ending invisible sentences,
    Aphorisms, quips, mottoes of the gods
    Indicate what might have been made clear
    Had words stayed plain before them.
    (from ‘Stars’ in A Falling Out of Love, 1964)

    Alan Sillitoe estuvo en Cosmopoética 2009

Raúl Quirós Molina
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