Autor: Raúl Quirós Molina

  • Ein Hungerkünstler


    Tendré que salirme del hambre, un día de estos.

    <<En los últimos decenios, el interés por los ayunadores ha disminuido muchísimo. Antes era un buen negocio organizar grandes exhibiciones de este género como espectáculo independiente, cosa que hoy, en cambio, es imposible del todo. Eran otros los tiempos. Entonces, toda la ciudad se ocupaba del ayunador; aumentaba su interés a cada día de ayuno; todos querían verlo siquiera una vez al día; en los últimos del ayuno no faltaba quien se estuviera días enteros sentado ante la pequeña jaula del ayunador; había, además, exhibiciones nocturnas, cuyo efecto era realzado por medio de antorchas; en los días buenos, se sacaba la jaula al aire libre, y era entonces cuando les mostraban el ayunador a los niños. Para los adultos aquello solía no ser más que una broma, en la que tomaban parte medio por moda; pero los niños, cogidos de las manos por prudencia, miraban asombrados y boquiabiertos a aquel hombre pálido, con camiseta oscura, de costillas salientes, que, desdeñando un asiento, permanecía tendido en la paja esparcida por el suelo, y saludaba, a veces, cortésmente o respondía con forzada sonrisa a las preguntas que se le dirigían o sacaba, quizá, un brazo por entre los hierros para hacer notar su delgadez, y volvía después a sumirse en su propio interior, sin preocuparse de nadie ni de nada, ni siquiera de la marcha del reloj, para él tan importante, única pieza de mobiliario que se veía en su jaula. Entonces se quedaba mirando al vacío, delante de sí, con ojos semicerrados, y sólo de cuando en cuando bebía en un diminuto vaso un sorbito de agua para humedecerse los labios.>>

    Un artista del hambre, Franz Kafka

     

  • Voyage au bout de la nuit

    Todo el poder nace de un sueño y de la punta de una flecha
    y entre página y página cabe toda la espesura del mundo:
    los caballos cruzan los ríos y los montes como si fueran capítulos de un libro
    y en medio del combate se abre camino un suave prado
    donde el otoño, más allá de los hombres caídos,
    más allá de los aceros mellados, empalidece delicadamente el pasto
    y ruboriza de amor las mejillas:
    todas las ramas del bosque se unen para albergar esta pasión,
    todos los arroyos espejan la luz para que llegue hasta el fondo:
    entre los árboles aún está el niño que expropia y se enamora y se desangra
    y una lluvia de flechas asegura la victoria, implacable como el tiempo,
    más terca que la bota que ahora patea el estante.

    Alberto Szpunberg

  • Los motivos

    Éric-Emmanuel Schmitt
    Dans la nuit du 4 février 1989, lors d’une expédition au Sahara, il est sujet à une expérience mystique : le sentiment de l’Absolu se révèle à lui. Une phrase occupe toutes ses pensées : « Tout est justifié ». Ce bouleversement lui fait franchir le cap pour passer à l’ écriture.

    Don DeLillo
    I did some short stories at that time, but very infrequently. I quit my job just to quit. I didn’t quit my job to write fiction. I just didn’t want to work anymore.

    Haruki Murakami
    According to an oft-repeated story, in the instant that Hilton hit a double, Murakami suddenly realized he could write a novel. He went home and began writing that night. Murakami worked on it for several months in very brief stretches after working days at the bar (resulting in a fragmented, jumpy text in short chapters).

    Raymond Carver
    His daughter, Christine La Rae, was born in December of 1957. When their second child, a boy named Vance Lindsay, was born the next year, Carver was 20. Carver supported his family by working as a janitor, sawmill laborer, delivery man, and library assistant.

  • Cinco libros de poesía a la semana

    Una de las características que más me atraen del mundo literario estadounidense es la capacidad que tienen algunos críticos/escritores de mofarse de sí mismos. Esto unido a su estricto proceder a la hora de separar materias (una revista de divulgación poética no es lo mismo que una revista de filología) y a que la poesía en inglés actual es relativamente sencilla de leer (que no de comprender, algo de lo que debiéramos aprender los españoles, y como ejercicio propongo repetir todos los días: no usar «rosetón» o «lajustre» si no es estrictamente necesario) permiten que girar la vista hacia los críticos de ese país sea un ejercicio harto interesante.

    En PoetryFoundation incluyen este mes un artículo en respuesta lo que Timothy Liu propuso en una conferencia de profesores de escritura creativa norteamericanos: para ser buen profesor hay que leer cinco libros de poesía a la semana.

    […] spoke about what he thought constituted teaching expertise, then smiled a little hostilely and announced that he reads five books of poetry a week. Some people gasped.

    La autora del artículo, una tal Paisley Rekdal, reflexiona sobre cuál es la cantidad justa o necesaria para convertirse en un auténtico profesional. Y para ello, se propone una agenda, a la manera de una dieta para perder peso -el artículo se titula La dieta de los cinco libros a la semana-, con el propósito de leer cinco libros de poesía a la semana. La autora no escatima en detalles cómicos de la consuetudinariedad del proceso (es decir, lo que ocurre cuando leemos: nos pica un tobillo, nos entra hambre, nos saltamos páginas enteras). Aquí van unos fragmentos que he traducido directamente (el original lo podéis encontrar aquí:

    Semana 1

    Satisfecha por el supuesto sacrificio de tiempo y talento, dejo escapar un suspiro tan sólo cuando mi enfurecido novio me encuentra a las 11 de la mañana del lunes en la oficina, tirada en el suelo en pijama, comiendo galletas y leyendo a John Clare.[…]Genial. Me concentro durante diez minutos antes de ir a cambiarme de camiseta. Vuelvo, paso de página y leo 50 líneas de «Helpstone». Me pica el tobillo. Me rasco, pierdo el hilo, vuelvo y leo las últimas cinco líneas. Empiezo a pensar en ir a comer, releo las últimas lineas otra vez, paso de página, levanto los ojos hacia uno de mis perros, le regaño por interrumpirme al rascarse las orejas, releo las últimas lineas una vez más. Mejor olvidarlo. Paso a otro poema titulado «What Is Life?»

    Semana 2

    Tengo que evitar cualquier libro que incluya las palabras «antología» o «selección» en el título. Leer 300 páginas de Clare (¿alguien se da cuenta de lo largos que son los poemas de Clare?) me obliga a saltarme páginas enteras.

    Semana 3

    A fuerza de leer tan rápido como pueda, me he vuelto paranoica con cómo lee otra gente. Observo a los viajeros que leen en el autobús, y me fijo en sus pupilas para comprobar si se saltan las últimas páginas de libro o, por el contrario, leen cada palabra impresa. Esta tarde una mujer se rió en voz alta mientras leía; después, con una media sonrisa levantó la vista. No sé por qué me da que no estaba leyendo poesía.

    Semana 4

    Allá por el jueves dejé de reaccionar a la pila de libros por leer. Sólo muevo mis ojos por encima de la página, sí, procesando palabras, pero sin preocuparme por ellas. Los poemas se han vuelto maquinitas a estudiar, destrozar y recomponer en argumentos e imágenes.

    Semana 6

    Siempre supe que abandonaría. Además el espacio en la oficina se agotaba y algún día me gustaría ser madre, pero incluso yo misma estoy sorprendida con la rápidez con la que he abandonado el proyecto.

    Como nota curiosa, el propio Timothy Liu responde en los comentarios de la página a la autora. En la península uno podría esperar algo como: «es evidente que la miel no está hecha para la boca del asno. Yo leo 300 libros al año, asisto a varios congresos y hago el pino, balaústre, náyade, cartilaginoso». Pero no. De hecho es bastante amable.

    Lo de los cinco libros a la semana se parece a un oasis al que uno se dirige rectamente pero, ¿para qué hacerlo si uno se ha derrumbado en medio del desierto? Por supuesto que conviene ponerse límites. Las antologías que Redkal ha utilizado en sus listas (Clare, Berssenbrugge, Goldbarth) podrían contar cada uno como cinco […]

    Como premio a ambos por fair play, artículo y poema traducidos. Retiro lo dicho sobre que leer poesía en inglés es sencillo. Al menos traducirla es un infierno.

    Hard Evidence
    by Timothy Liu

    A room walled-in by books where the hours withdraw.

    At the foot of an unmade bed a bird of paradise.

    Motel carpet melted where an iron had been.

    His attention anchored to a late night glory hole.

    Of janitorial carts no heaviness like theirs.

    Desire seen cavorting with the yes inside the no.

    A soul kiss swimming solo in an open wound.

    The self as church where the whores now gather in.

    Prueba irrefutable
    por Timothy Liu

    Una habitación tapiada con libros donde se retiran las horas.

    A los pies de una cama sin hacer un ave del paraíso.

    Moqueta de motel destrozada donde hubo un hierro.

    Su atención anclada a un agujero en la pared a altas horas de la madrugada.

    De las carretillas de conserjes no hay pesadez como la suya.

    Se ha visto al deseo retozar con el sí dentro del no.

    Un beso del alma nadando en soledad en una herida abierta.

    El yo como una iglesia donde las putas ahora se reúnen.

  • Haiku

    La hormiga canta
    la semilla que carga
    en el desierto.

Raúl Quirós Molina
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