Nirvana

Lo del Nirvana debe ser algo así como el sueño que tuve la otra noche: un grupo de astrónomos del futuro descubren a través de un ingenio telescópico los límites reales del Universo, y haciendo uso de sus ingenieriles mentes idean una nave espacial para alcanzar el borde del cosmos, como ir a Australia pero a lo bestia. En la nave se embarcan tanto los astrónomos como sus familias y seres más allegados, y el día de la partida celebran una gran fiesta en una playa idílica del Caribe. Sólo cuando el sol se está poniendo parten hacia su destino. La nave era apenas una barca que navegaba tranquila -con motores como los de las navecitas de Star Wars-.

Por supuesto, nunca volvieron para contar qué se veía a través de las ventanas del tiempo y el especio. Los periódicos reflejaron que, aún tratándose de astrónomos aficionados, habrían sido capaces de calibrar correctamente los instrumentos de observación que le proporcionó coordenadas equívocas acerca de la geografía del Universo. Así que partieron sabiendo que jamás regresarían a la Tierra.

También soñé con hijas de mafiosos albano-kosovares, y persecuciones en 4×4 y chaquetas de cuero, y ya no soñé.

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