Chris ha sido profesor, corrector, psicólogo, contrincante de bádminton, gourmet, compañero de borracheras, fan de la selección española antes que la inglesa, comidista, espectador y crítico de mis obras, freak de las expresiones más castizas (¿chupa de dómine? ¿De dónde saca este hombre estas frases?), documentalista, rescatador, rescatado, y amigo, sobre todo un amigo paciente al que no siempre he hecho todo el caso que me debía y que a pesar de ello se ha mantenido al pie del cañón. Cinco años y hemos compartido tantos fines de semana haciendo el bobo (bueno, yo hacía el bobo, él solo se reía), viendo obras, asistiendo al cine y ahora, ahora me voy a dejar este trocito de corazón aquí, este trocito que va a ser de los que más eche de menos porque ya no podremos ir al Curzon tanto como antes, o al Tokyo Diner a comer OTRA VEZ los mismos noodles, y el mismo sushi, y no me perdonarás OTRA VEZ que llegue resacoso a nuestros encuentros, ni que olvide OTRA VEZ la fecha de tu cumpleaños ni que se quede Londres sin nuestra amistad que tanta felicidad me ha traído bajo este cielo que ya clarea.
Autor: Raúl Quirós Molina
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Recuerdos de Londres: The Calder Bookshop

Calder Bookshop Si hay un lugar que nos cambió la vida aquí en Londres fue sin duda la Calder Bookshop. La conocí justo cuando cambiaba de dueño: Sergio, Luis y Dan querían convertir lo que había sido la librería del editor de Beckett, John Calder, en un centro de investigación teatral y política, además de una librería auténtica.
En la Calder conocimos Teatro x La Identidad, leímos a Boal, trabajamos sobre la crisis de la deuda que reconcomió América Latina y que ahora devora a Europa. Supimos que Shakespeare era un escritor político, que estaba identificando el cambio de paradigma del feudalismo hacia la burguesía y que no hay manera de que entienda a Brecht en el Reino Unido.
Fue también el laboratorio donde aprendimos a pensar el teatro desde lo político y, más allá, que no hay teatro sin lo político. Llegamos a colegios, a doctorandos, a profesores, a otros escritores. Allí fraguamos Teatro por la Memoria. Hablamos de los que desaparecen y de los que permanecen. Leímos el teatro que teníamos que leer y resistimos a las embestidas que nos dieron los neones del Old Vic y el Young Vic.
Compartimos tantos cafés. Amores y desamores. Nacimientos, muertes.
En estos cinco años compartimos una vida y ahora nos la llevamos encima, para siempre. Y nos es tan leve.
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Recuerdos de Londres: City University
La gran pregunta que recordaré de mis dos años en la City University fue la que me lanzó capciosamente una alumna: ¿por qué alguien español querría hacer un máster de escritura creativa en inglés? Creo recordar que fuimos la segunda generación en hacer el máster y en mi clase solo había otro extranjero. No sé aún la respuesta. En los años sucesivos se convertiría en normativo ver a japoneses, chinos y otros españoles en las clases.
Otras universidades como Goldsmiths o la CSSD nunca respondieron a mis emails y la City quedaba muy cerca de mi trabajo, así que no tenía muchas más opciones. Para entrar tenía que dar cuenta de mi experiencia como escritor (en inglés), presentar el certificado IELTS y pasar una entrevista individual con el director del máster.
En los meses previos a la matrícula, preparar toda la documentación me salvó de la locura. Vivía por mi cuenta en un apartamento cerca de Angel y había acumulado una deuda gigantesca a los pocos meses de haberme mudado a la gran ciudad. En ocasiones me daba por pensar en cuánto tiempo pasaría desde que sufriese un accidente en el baño o un infarto hasta que descubrieran mi cadáver. Así que para alejar estos fantasmas me metí en un máster.
Nunca sentí por un momento que fuese una pérdida de tiempo. No esperaba tener trabajo de «escritor» ni consagrarme en ningún parnaso, mas era algo que yo sabía que debía hacer. Barbara, Paul, Phil y otros tantos profesores nos retaban y pedían que arriesgársemos. Me escribieron cartas de elogio para entrar en doctorados y en el programa de escritores internacionales del Royal Court, vinieron a ver mis obras en inglés y me presentaron a dramaturgos importantes.
Mi proyecto final fue representado este mismo año, en el festival Vaults.
http://www.city.ac.uk/courses/postgraduate/creative-writing-plays-and-screenplays
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Recuerdos de Londres: The Last Hour of Antigone

The Last Hour of Antigone No es fácil escribir una obra de teatro.
No es fácil escribir en un idioma que no es el tuyo, y no es fácil acometer un clásico del que Brecht, Heaney, Anouilh ya habían explorado cada rincón, cada idea.
Sarah Provencal fue la directora de la pieza y la gran instigadora de que la obra finalmente se produjera. Desdeñó mis miedos y apeló a mi inteligencia y valor para sentarme frente al procesador de textos y producir una Antígona digna de mis capacidades. Ella ya había dirigido Las troyanas y yo aún no había terminado mi máster en escritura creativa. Hicimos la obra por fe – actores, directora, escritor, técnicos. Lo hicimos por amor y por fe, y son contadas las ocasiones en que en Londres nadie espera sacar algo «más» del amor y de la fe. Solo disponíamos de tres días y luego volveríamos a nuestras vidas.Ahora anda por Estados Unidos dirigiendo a Sarah Rhul. Hablábamos de feminismo y de escritura política y de teatro del oprimido.
Fue mi primera obra en inglés y llenamos la casa tres noches seguidas. Ocurriese lo que ocurriese después, ya me había convertido en escritor.
CHORUS
The traitor? The traitor? In a civil war, every one is betraying his brothers and sisters.
None in Thebes must say his name in public or private.
He must be left to rot outside Thebes.
He must be left to warn anyone of his same breed.
He who treasons Thebes must lay as a traitor.
War is not about who falls, but where he falls.
He fell in the wrong side.
He was on the side of the defeated.
But who is not defeated in a war.
He wanted to burn Thebes.
He wanted to burn Argos.Algunos artículos en este blog sobre el proceso de creación:
El mensaje.
Todas las Ismenas del mundo.
Unas notas sobre Antígona y Creón. -
Recuerdos de Londres: Una carrera en Finsbury Park

Quedando el tercero. Nunca me gustó el deporte. Nunca gané una carrera, ni salvé un penalti, nunca metí un gol en el último minuto, ni fui el alero fundamental en el equipo de baloncesto. Dame integrales y derivadas parciales, matrices, la teoría eidética de Platón: eso sí. Dame un balón y comienza el festival del horror.
Tuvo que ser en Londres donde me diera un día por salir a correr. No una vez, ni dos, sino varias veces en meses (y ahora años). Llevaba una mochila con las zapatillas y cuando salía de la City hacía los cinco kilómetros que me separaban de mi casa. A veces paraba y a veces los hacía del tirón. A veces daba una vuelta. Terminé corriendo diariamente los 14 km. que me separaban de mi siguiente trabajo en Canary Wharf hasta Walthamstow.
Y tenía que ser aquí, en Londres, en mi primera carrera popular, en Finsbury Park en donde quedé tercero. Después vendrían la maratón de Atenas y la de Madrid. Nunca me seleccionaron para la de Londres. Qué alegría me llevé aquel día que quedé tercero en Finsbury Park.
